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Maestros: Escultores de personalidades

"Mi maestra lo dijo", "mi maestra no escribe la ´a´ con esa colita", "mi maestra es la más linda", "mi maestra sabe más que la tuya".. Estas son frases de un niño orgulloso de su maestra. Ser un buen docente es un compromiso, asunto de buena voluntad y vocación de servicio. Paga bien.


HUELLAS imborrables en la memoria infantil dejan los educadores comprometidos con la noble tarea de dotar a la niñez con herramientas que les serán útiles para desenvolverse exitosamente en cualquier escenario de la vida.
Los que nutren su mente con conocimientos amplios: le dan la oportunidad de dejar oír su voz y demostrar apertura de pensamiento y conocer un vasto repertorio de temas que los enriquecen integralmente y les permiten aprender tolerancia, algo necesario para la convivencia universal.
Los que alimentan su corazón con buenos sentimientos y valores como el amor, la amistad, la solidaridad, la paz, la justicia, que en una sociedad donde las máquinas van a la vanguardia son como el agua para un individuo en el desierto.
Qué buen hortelano es el maestro que a la hora de sacar cuentas sobre lo atinado o desatinado que ha sido en su forma de administrar el tiempo no anota en el renglón de pérdidas ni perdidas las horas invertidas en cultivar la personalidad de sus alumnos y ayudarlos a ser hombres y mujeres de bien, olvida los desvelos y está presto a dar una vez más la vuelta al reloj buscando la manera de hacerles más apetecible cada asignatura, cada porción de conocimiento que les es necesario para su formación óptima.
Con cuánto entusiasmo se suele hablar de los años escolares cuando las vivencias han sido buenas. Como todo en la vida, esta época tiene un inicio y un final. De la cosecha podemos ver ejemplos cotidianamente en el hogar, escuela, comunidad, en los centros laborales, en entidades públicas y privadas. Por doquier.
Pero, por ahora volvamos al principio de la formación académica. Nos ubicamos, hipotéticamente, en la mente de un niño que entra por primera vez al aula, contento pero ansioso, asustadizo, lleno de expectativas: "¿Quién será mi maestro?" ¿Cómo será?", ¿Me gustará? "Y si no me gusta ¿qué voy a hacer?" ¿"A qué hora vendrá mi mamá a buscarme?" "¿Y si se le olvida?", "Quisiera que esos niños y niñas fueran buenos conmigo", "Tengo ganas de orinar", "A qué hora será el recreo?"
Si le recibe un maestro sonriente, que genera confianza (le abre sus brazos y corazón), alegre, que invita a que cada uno se presente y hable de las cosas que le gusta hacer (por ejemplo de su mascota "Fifi"), su programa preferido de televisión, su familia o su nuevo hermanito, estará tocando las fibras emotivas, hablando en un lenguaje con el cual rápidamente hallará interlocutor. Estará abriendo el canal de la comunicación, haciendo que cada niño se sienta importante y hable de los temas que son importantes para él en ese momento y otros momentos especiales de su vida.
Nadie en ese salón se sentirá como recién llegado, como un extraño. Hay tanto que se puede compartir ese primer día.
Desde entonces, se pueden escribir páginas de alegría, compañerismo, aprendizaje de manera divertida, apoyo en situaciones donde una mano amiga, un consejo, una mirada, una sonrisa, hasta el silencio oportuno, son bienvenidos. Se puede abrir un mundo de oportunidades para crecer juntos, aprender todos (hasta el maestro recibe lecciones cotidianas de cada alumno), saborear la vida a plenitud, escudriñar saberes, desnudar la humanidad y remontarse a las distintas épocas, para conocer personajes, lugares, situaciones, para entender el ayer, saber vivir con maestría el hoy y dar la mejor cara al mañana con sus desafíos.
Maestro, el aula es un sitio para sembrar (ideas, valores, amistades, sueños..), pero también para cosechar. Si es un ambiente hosco, oscuro, insalubre, donde no hay libertad para la iniciativa, para crecer, para opinar, para disentir, para aportar, a la hora de la siega tus manos estarán vacías, como lo estuvo tu espíritu que fue incapaz de abrirse para compartir, para ser creativo al momento de interactuar con esas mentes ávidas de saberes, pero necesitadas de motivación constante para mantener vivo ese deseo de estar allí contigo, los libros y otros aliados en ese transitar por los senderos infinitos del conocimiento.
La vida, la sociedad y la familia te pedirán cuentas. Que puedas rendirlas con la mente en alto y dormir tranquilo cada noche sabiendo que fuistes el mejor lazarillo y que ayudaste a enterrar la ignorancia, prejuicios, anti valores y erradicar toda barrera para que los alumnos cuya formación se te ha confiado logren un desarrollo óptimo depende sólo de ti.


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226488
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América