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Manipulación: un "juego" de a dos

La manipulación es un arma que utilizan chicos y grandes para lograr objetivos. Si es o no una conducta adecuada es harina de otro costal. Funciona, dirán los niños. Pero ¡OJO!


GANAR a veces es perder. Esto sucede en el caso de la manipulación, cuando, si no se atiende a tiempo este problema, los niños crecen creyendo que este es un medio apropiado para lograr lo que desean. Y, con el paso del tiempo se dan cuenta que les puede ir mal, que no pueden tratar a los demás como si fuesen marionetas.
Sobre este tema nos ilustra la psicóloga Lizeyca Villamil.
La manipulación puede entenderse como la utilización de métodos necesariamente no saludables para obtener un beneficio propio, explica Villamil, quien reconoce que los niños son maestros en esto. Es el caso del niño que cuando están en el almacén o el supermercado y quiere algo y la madre no se lo da opta por tirarse al suelo, gritar a más no poder hasta que mamá cede, por temor a que piensen que es una mala madre o para no ser el blanco de las miradas.
Explica que para que exista un niño manipulador tiene que haber un padre o madre que se deje manipular quizás porque no le dedica suficiente tiempo a su hijo y tiene sentimientos de culpa y erróneamente cree que si lo complace en todos sus caprichos le está demostrando que sí le importa.
El niño se aprovecha de la debilidad de su madre, de ese sentimiento de que está en deuda afectiva con él y como ve que logra a cambio obtener de ella lo que se le antoje a él, hace de esto un recurso cotidiano, analiza la especialista en el manejo de la conducta y mente humana.
Villamil hace la salvedad de que la manipulación certamente no es un método adecuado para lograr objetivos, pero, no se debe ver sólo con ojos de reprobación, de una manera punitiva pues permite darse cuenta de varias cosas. Primero, que el niño tiene recursos, ha desarrollado métodos para salir avante. Es un potencial que bien canalizado se puede transformar en una conducta positiva. Y, segundo, el niño manipulador tiene problemas. Hay que indagar qué vacíos tiene. ¿Será inseguridad?, ¿Tendrá miedo a que lo abandonen? ¿Se siente rechazado? ¿Siente que es la única manera en que le ponen atención? Se amerita una evaluación. Para eso hay que llevarlo al psicólogo.
Habría que ver desde cuándo el niño manipula al adulto y en qué tipo de situaciones se da la manipulación. Así se podría encontrar la raíz del problema
conducta y hacer algo al respecto, ya que con el niño, quien está en periodo de formación, existe la esperanza del cambio de conducta gracias a una asesoría o tratamiento oportuno.
La manipulación debe verse como un síntoma, no enfocarse en la conducta, sino en la necesidad que hay detrás. Es un llamado a gritos de que le pongan atención, de que hay que revisar cómo están los canales de comunicación. Hay que ayudarlos a ambos: al que manipula y al manipulado.
El niño necesita orientación, según pone de manifiesto nuestra interlocutora. Y sigue explicando cuán importante es brindar ayuda oportuna. Si se le deja que siga creyendo que todos son como títeres y puede hacer con ellos lo que desee va por mal camino. Se acostumbra a ser falso y valerse de lo que sea para lograr lo que quiere. Ahora le parecerá divertido, como un juego. Pero algo serie está pasando: está irrespetando a los demás. Los trata como objetos, no como seres pensantes y con emociones. No se da cuenta. Pero, sucede.
Este círculo vicioso de manipulador y manipulado hay que romperlo, puntualiza Villamil. A veces entran más personas: el niño "juega" con papá y mamá a la vez. Los divide. No es que sea un niño malo, es que quizás percibe que ellos no se hablan y encuentra que al hacer el papel de víctima o chantajear emocionalmente a uno hace que el otro reaccione a favor o en contra, pero no se quede como mero espectador. ¿Le es familiar ese espectáculo de un niño que actúa de una forma en la que consigue un padrino y alguien que se opone a su conducta. El aparente ganador es él: fue el centro de atención. Pero, ¿a qué precio?, es una pregunta que hay que hacerse.
  • Su hijo le dice que va a la escuela siempre y cuando le compren un juguete.

  • Cuando usted le dice que debe hacer la tarea primero y después verá TV, pero él le dice que sólo verá un programa y a las once de la noche está usted casi que haciendo la tarea por él porque de lo contrario no podrá él irse a la cama y madrugar al día siguiente.

  • Cuando usted le dice que no puede comprarle algo y él le dice: "es que tú no me quieres, porque a Pedrito su mamá le compró..". Y usted, para demostrarle que sí lo quiere gasta lo que no tiene en concederle su capricho.

  • Usted está cansada y tiene que lavar los trastos, planchar los uniformes y limpiar la estufa pero a Juanito se le antoja que quiere ir al parque. La abraza, la besa, le dice que usted es la madre más linda del mundo, que "no me quieres porque nunca estás conmigo" y la persuade. Deja de hacer todo lo que tenía pendiente y le da gusto. Al día siguiente está ojerosa y agotada.

  • Se niega a comer porque supuestamente no tiene apetito. Pero, al rato, llega el papá y cuando éste le pregunta qué le pasa insiste en que no tiene hambre. Van al supermercado y sin saber cómo queda usted pagando una buena factura en un restaurante de comida rápida, donde el niño sin apetito casi devora un pollo entero.

  • De repente te hacen caso en todo y tú notas que es inusual. "Anita, recoge las medias", "Anita, lávate las manos", "Anita, anda y cierra la puerta para que no entren los mosquitos". Quien la viera diría: "Qué niña tan obediente". Usted que la conoce sabe que algo raro hay allí. Y, luego de tanta docilidad, llega la niña y con su voz más dulce le pregunta: "Mami, ¿me puedo comer una galleta de las que hay en la refrigeradora.?"


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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