Variedades

Manuelita 1 brilló con luz propia


El origen del carnaval, fiesta que el panameño celebra con gran alegría, se remonta a los primeros siete años de la vida republicana, en donde las clases populares eran las que organizaban los vítores de sus inicios. La primera soberana de estas fiestas fue Manuelita I, después doña Manuela Vallarino de Morrice, quien supo ganarse la simpatía y el entusiasmo del pueblo. Su nombre fue dado por primera vez a la luz pública por el "Diario de Panamá", periódico al que se le adjudica la iniciativa de la creación de los carnavales, y que en ese entonces gozaba de mucha aceptación.
Manuelita I, quien durante ese año brilló con luz propia, siendo la fundadora de la dinastía carnavalesca en Panamá, era hija del hogar formado por don Joaquín Vallarino (hijo de don José Vallarino, prócer de la independencia de Panamá de España) y de doña Hilda Z. de Vallarino. Sus estudios los cursó en los Estados Unidos.
La lucha por la corona del primer carnaval panameño la llevaban con completo orden, entusiasmo y cultura distinguidas damas como: Adriana Orillac, María Isabel Arias, Ramona Lefevre, Angela Guerine y Manuelita Vallarino, quien finalmente se alzó con la mayoría de los votos.
Manuelita I sería acompañada por sus damas, puestos que recayeron en las otras candidatas, sumándose a ellas María Teresa Vallarino, hermana de la soberana, en reemplazo de Adriana Orillac, quien no pudo participar.
La coronación se celebró en el Teatro Nacional, totalmente copado en público y arreglado para la ocasión. Posterior a esto, los brindis, agasajos, homenajes y distinciones a la reina del carnaval no se hicieron esperar.
Para Manuelita Vallarino de Morrice, quien fuera entrevistada 43 años después de ese glorioso carnaval de 1910, esas fiestas la llenaron de mucho orgullo por la grandeza con la que fueron realizadas, catalogándolas como "un verdadero certamen de cultura".
La personalidad de Manuelita I hablaba de una mujer de una gran sencillez, elegancia, inteligencia, bondad, dulzura y espíritu, de allí que se ganase el cariño y el corazón del pueblo panameño.
El pueblo, por su parte, se estableció en partidos o grupos que escogían un tema específico, ya remembrando el ataque de los piratas a la antigua ciudad de Panamá o el levantamiento de los esclavos cimarrones) la bandera del carnaval era izada el 20 de enero, día de San Sebastián.
Los días transcurridos desde la izada de la bandera hasta los cuatro días propios del carnaval, quienes transitaban por las calles del arrabal, en donde los partidos establecían sus cuarteles, eran detenidos y sentenciados a pagar un rescate de diez, veinte, cincuenta y hasta cien millones pesos, aunque como toda farsa, un centavo representaba para ellos un millón, así el condenado a pagar la pena máxima sólo debía dar un rescate modesto de un peso colombiano. Todo el dinero recaudado en los rescates pasaba a sufragar los gastos de disfraces, juegos de cintas y sobre todo en aguardiente.
JUEGOS CON AGUA Y HARINA
El arranque propio del carnaval ocurría el martes de carnaval en donde los juegos con agua y harina, así como las comparsas se tomaban las calles desde la mañana hasta horas de la tarde.
Agua clara o teñida de añil se lanzaban a las personas, ocurriendo algunas veces que el juego se transformara en gresca, formándose grandes combates en donde el agua y la harina eran las armas de batalla. No obstante, ello también daba lugar a escenas jocosas y hasta incluso enfrentamientos a puñetazos y palos.
Otra costumbre para ese entonces era el que los jóvenes tiraran a las damas, sin herirlas, huevos de pascuas llenos de agua perfumada, con lo cual demostraban su galantería para con ellas.
A las cuatro de la tarde, las carrozas alegóricas efectuaban su recorrido por la Avenida Central, mientras que las plazas y los balcones lucían sus mejores galas.
En las noches las tunas invadían las calles. Era notable la presencia de comparsas de mujeres engalanadas con nuestro traje típico, la pollera, mientras que los hombres vestían de manera variada. Así al son de palmas y tonadas y alumbrados con velas y unos cuantos tragos de alcohol para celebrar, se cantaban melodías muy alegres recorriendo las calles de la ciudad.
Para ese año, 1910, todos se tomaron las calles, gremios, círculos, colonias extranjeras y nacionales celebraron con su majestad las fiestas, rindiéndole tributo a Momo.
Los carnavales desde esa fecha se han celebrado con igual o menor entusiasmo, pero siempre impregnados de elementos que sólo nos atañen a los panameños y que han hecho que estos sean reconocidos a nivel mundial.
Aunque ahora la fiesta se acoge sólo en los cuatro días propios de carnaval, panameños de todas las clases sociales se encuentran año tras año para darle rienda suelta a la alegría y a la diversión contagiando con ello a foráneos que nos vienen a visitar, dejando en ellos la semilla de un recuerdo feliz para toda su vida.


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8403
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América