La rápida incorporación de la mujer a las fuentes de trabajo ha estimulado el uso de teteros y sustitutos lácteos. La falta de información sobre las ventajas de la lactancia materna y las formas de cumplirla, y los "sabios" consejos de familiares y amigos, han desestimado esta costumbre, que es propia de todas las especies de mamíferos, incluyendo la raza humana.
Las glándulas mamarias pueden imaginarse como un conjunto de "racimos de uvas", correspondiendo las uvas a pequeños sacos donde se produce la leche a partir de sustancias nutritivas que llegan a través de la sangre.
Estas "uvas" (alveolos) están unidas a pequeños conductos (canalículos) que se van uniendo entre sí, formando un canal más ancho, que se encuentra dentro de la areola y que se adelgaza, terminando en el pezón.
La producción láctea comienza desde el embarazo, por eso es frecuente que salga un poco de leche durante la gestación.
Cuando el bebé succiona el pezón, envía una señal a la glándula hipófisis materna, la cual va a producir varias hormonas, responsables de la producción de leche, de su salida por los pezones y de la contracción uterina.
El tamaño de los pechos no influye en la producción láctea, su tamaño depende de la acumulación de grasa y no del tejido glandular; aún con pechos pequeños se puede producir abundante cantidad de leche. Si los pezones son hundidos o pequeños, mejorarán con la succión que ejerza el bebé.
Para que la secreción láctea funcione correctamente son necesarios:
Deseo de amamantar: la angustia o el temor pueden entorpecer la secreción láctea, por un mecanismo psicológico-neurológico-hormonal.
Estímulo del pezón que proporciona el bebé al succionarlo.
Se deberá iniciar la lactancia tan pronto como el niño y su madre estén estables, porque el niño al nacer tiene un poderoso reflejo de succión que se debe aprovechar, ya que es el estímulo que la madre necesita para producir la leche.
Mientras más tiempo se retarde su inicio, mayor tiempo se retardará la producción de la leche. En el transcurso de la lactancia materna la composición de la leche sufrirá una serie de variaciones, por lo que se pueden distinguir tres clases de leches:
Calostro: Los primeros tres o cuatro días se produce una leche viscosa y amarillenta con gran contenido de proteínas de fácil absorción y muy rica en vitaminas y sustancias bactericidas e inhibidoras de gérmenes, así como numerosos anticuerpos que protegerán al bebé contra infecciones.
Leche de Transición: Después de la aparición del calostro, la leche materna se verá más blanca y espesa y su composición será más parecida a la leche madura; esta "subida de la leche", que ocurre entre el tercer y séptimo día, puede ir acompañada de dolor mamario y un ligero aumento de la temperatura materna.
Leche madura: Es una secreción blanca que hace su aparición aproximadamente entre diez y treinta días después del parto.
El contenido de proteínas de la leche materna es de los más bajos, en comparación a todos los mamíferos. Proporcionan el 15 % del valor calórico total. El 60 % de ellas son albúminas y lactoglobulinas (incluyendo anticuerpos) y el 40 % es cafeína.
Proporcionan alrededor del 35 % del valor calórico total. La lactosa es el azúcar principal de la leche materna y está formada por glucosa y galactosa.