El primer procedimiento consiste en obtener el cuero del ganado para realizar el proceso de secado, que consiste en rasurar el cuero. Para ello se utiliza agua caliente y una cuchilla, luego es introducido en una tina con agua y cal para eliminar los malos olores, después es teñido con casca de mangle y colocado al sol.
El corte y tejido de la cutarra viene hacer el segundo paso de elaboración de las cutarras. Según el tamaño del pie y las correas se sacan las plantillas o moldes, las cuales se les hacen orificios, para luego tejer las correas, cuyo tiempo es de aproximadamente de 15 minutos.
Cedeño señaló que el estilo genuino de la cutarra se ha ido perdiendo a través de los años, ya que la venta de este calzado (sandalias) en los almacenes ha mermado la producción de lo autóctono. Con el propósito de cultivar el legado que han dejado nuestros ancestros, es necesario que las nuevas generaciones conozcan y aprendan de las raíces del campo, destacó.
Para Agustín Nieto, otro santeño que se dedica a estos menesteres señaló que la tradición es muy importante, por lo que hay que rescatar lo perdido, incentivando a la juventud a resaltar lo autóctono de la campiña.
La camisilla blanca se usa con pantalón negro, sombrero de tejido fino, aunque puede utilizarse el sombrero ocueño blanco con un cordón color negro, complementado con la cebadera o chácara.
A través de los años la pollera se ha ido popularizando de pueblo en pueblo, por lo que en el territorio nacional utilizan esta prenda como vestido nacional.
Las cutarras anteriormente eran utilizados para salir a los bailes y para visitar a las novias, ya que eran considerados zapatos de lujo.
Hay que tratar de cultivar los implementos del campo que la juventud ha ido perdiendo a través de los años, por lo que las demás asociaciones de santeños se deben de unir para rescatar los valores o faenas que se realizan en la campiña interiorana.