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Mentiroso tú, mentiroso yo


El hogar es el mejor lugar para enseñarle a la niñez que la verdad es un valor o principio y por lo tanto no es negociable. La verdad debe prevalecer ante la mentira, no es asunto de que miento a capricho y cuando me conviene, sino que digo la verdad a pesar de todo y por encima de todo, por convicción de que estoy haciendo lo correcto, planteó la psicoterapeuta, Magister Lizeyca Villamil.
Este cuento de que "yo no sé de quién salió mentiroso este niño", vayan a contarlo a otro lado quienes se lavan las manos por su falta de responsabilidad en cuanto a enseñar valores fundamentales a sus hijos/as, es el parecer de la fuente, la cual deja claro que no se nace mentiroso, el mentiroso es una construcción familiar/social.
"Dependiendo del modelo que tenga, el niño miente. Si los padres y las madres mienten, él lo va a tomar como algo normal. Si al niño se le ha reforzado directa o indirectamente por haber mentido, seguirá con este mal hábito. Los conductistas dicen que cualquier conducta que es reforzada tiene la oportunidad de ser repetida y mayormente aprendida", puntualizó
Ahora bien, según explicó la especialista, hay casos en que la mentira puede ser como un "escudo" o mecanismo de defensa que utiliza el/la niño/a. Se trata de un trastorno psicológico, no muy común, un trastorno disociativo (una especie de desconectarse de la realidad) que emplean por ejemplo, niños/as que fueron víctimas de abuso o que sufrieron algún trauma. Y, aunque hayan superado la situación, como esto, que es aprendido, les ayudó a sobrevivir al abuso y en un momento les salvó la vida lo repiten, aunque ahora les perjudica.
Hay el tipo de mentiroso/a que está haciendo cosas y lo niega y de hecho no se percata de lo que hace, por cuanto al negarlo no siente que miente. También hay niños/as que están manipulando porque han visto que la mentira es una táctica que les funciona cuando quieren conseguir un propósito. Si el/la ni/año a través de la mentira se ha protegido va a aprender que vale la pena usar ese medio para poder evitar castigos y problemas.
Ligado a eso, está el caso del niño/a que miente por temor al castigo o a que no le crean. Por ejemplo, si una madre lo/la regaña porque trajo unos lápices de colores que no le pertenecen y dice que un/a amiguito/a se los regaló o que se los encontró (o quizás, venga con el uniforme sucio y dice que fue que llovió y cuando iba a cruzar la calle un carro pasó, había un charco y lo salpicó), pero la madre no le cree y le dice que le diga la verdad que no habrá castigo, pero su rostro se muestra furioso, el niño o niña se mantendrá en su versión o dirá una mentira porque ve que la verdad no convence a mamá. Y es que los/niños/as son expertos/as en descodificar el lenguaje no verbal.
Villamil explicó que, está, igualmente, el caso de niños/as con un trastorno conductual, que encajan en un perfil donde la mentira es sólo parte del problema: mienten, roban, se fugan de la casa, dañan la propiedad privada y son crueles con los animales.
La psicoterapeuta expresó, para concluir, que el mejor consejo para evitar hijos/as mentirosos/as ( a menos que el/la niño/a tenga algún trastorno mental o un trastorno de la conducta o disociativo), es procurar que crezca en una familia donde los valores de la honestidad y otros no sólo se prediquen sino se modelen, se practiquen.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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