¿Cuál es la mejor forma de distribuir las tareas domésticas entre los miembros de una familia? ¿Cómo se reparte una herencia entre varios hermanos que desean las mismas cosas? ¿Cómo se toman las decisiones y eligen los ejecutivos en una corporación formada por distintas empresas? Los acuerdos y repartos pueden ser a veces muy complicados.
"Al que parte y reparte le toca la mejor parte"; "divide y reinarás"; "que cada palo aguante su vela". Los refranes reflejan el antiguo afán de la humanidad por conseguir la justicia y la equidad, que sigue siendo un rompecabezas tanto para políticos, economistas y juristas como para los matemáticos y filósofos.
Una de las historias más famosas de la Biblia es la de dos mujeres que reclamaban ser las madres del mismo niño. Según el texto sagrado de la civilización judeocristiana, el Rey Salomón reunió a las dos mujeres y para averiguar cuál de ellas decía la verdad, propuso cortar al pequeño en dos partes con una espada.
Cuando el soberano de Israel, legendario por su sabiduría y la prudencia en sus juicios, se disponía a asestar el golpe final sobre el hijo en disputa, una de las mujeres le pidió que no lo hiciera y aceptó renunciar al niño. El rey Salomón dedujo que ella era la verdadera madre del pequeño y se lo entregó.
JUICIOS SALOMONICOS
Sea o no cierta la historia bíblica, la experiencia demuestra que los juicios salomónicos son la excepción y no la regla en la convivencia humana, y la sociedad moderna plantea situaciones muy complejas para las que es arduo encontrar una solución justa.
Ahora, dos expertos estadounidenses, el politólogo Steven J. Brams, y el matemático Alan Taylor, han propuesto una fórmula matemática para asignar lo humano y lo divino, la cual según sus autores permite repartir de manera justa y sin envidias cualquier cosa de este mundo, tangibles o no.
El desafío de impartir justicia se resuelve muchas veces con la ayuda de la imaginación y la buena voluntad de las partes, pero ha originado a lo largo de la Historia rupturas familiares y guerras fratricidas.
Las recientes propuestas de Brams, de la Universidad de Nueva York, y de Taylor, del Union College neoyorkino, podría convertirse en una verdadera fórmula matemática de la paz mundial si se adopta como método para resolver los conflictos internacionales. Los investigadores norteamericanos han generalizado el problema con personas, han considerado que aquello que hay que dividir no es homogéneo y tienen en cuenta que los gustos e intereses de los individuos que han de negociar no son los mismos. Es una fórmula para lograr el consenso alrededor de una solución posible.
La técnica puede aplicarse a cuestiones tan simples como repartir caramelos o tan complejas como resolver una disputa fronteriza entre dos países o adjudicar los cargos en un Gobierno determinado entre dos o más partidos políticos que han formado una alianza para lograr una mayoría que les permita gobernar.
TEORIA DE LOS JUEGOS
Los estudiosos de la denominada teoría matemática de los juegos han expresado esta idea a través del problema de la repartición de una torta entre dos niños golosos y hambrientos. La mejor estrategia será que uno parta el pastel y que el otro escoja la porción que prefiere.
De este modo, el que corta la tarta (que previsiblemente lo hará en dos partes iguales) percibirá que el trozo que el otro ha rechazado es justo la mitad, mientras que el que elige estará convencido de que su parte es la mejor, aunque sólo sea porque tiene más chocolate.
Esta forma de repartir una tarta es buena porque cada uno de los niños, en función de sus valores subjetivos, la perciben como justa, por lo que ambos se sienten ganadores sin que ninguno haya impuesto sus valores al otro, evitando las envidias.
Pero la repartición comienza a complicarse a medida que aumenta la cantidad de participantes en el reparto, y resulta más difícil que cada uno reciba la porción mayor de acuerdo a sus intereses.
En este caso la equidad es más dificil pero no imposible, aseguran Brams y Taylor. La fórmula que han ideado generaliza otra que fue desarrollada por Convay y John Selfridge, de la Universidad de North Illinois, en Estados Unidos. El nuevo método consiste en hacer más partes del pastel que el número de aspirantes a repartírselo. Así es más fácil alcanzar un acuerdo cuando llega el momento de dividirlo.
Esta idea también puede aplicarse al reparto de las actividades domésticas, aunque en esta hipótesis no se trata de repartir algo que es deseable, como una torta de chocolate, sino de algo que no le gusta a casi nadie, como es lavar los platos, limpiar los cristales, lavar y planchar la ropa, o hacer las camas.
En este caso, cada uno de los integrantes de la familia (ya sean dos, tres o cuatro personas) deberá hacer una lista con sus preferencias (desde lo que le disgusta hasta lo que le place menos), y después uno de ellos deberá hacer una propuesta a los demás. Si no es aceptada, otro familiar le relevará y propondrá y así sucesivamente hasta que se llega a un consenso general.
FORMULA DE LA PAZ
Esta forma de distribución a prueba de envidias puede aplicarse al reparto de propiedades que incluyen elementos indivisibles, como casas, coches, cuadros o joyas, las cuales debido a su diversidad, pueden recibir valores subjetivos que le asigna cada una de las partes que participan en la negociación.
De hecho, en algunos países existen abogados que aplican este procedimiento científico para resolver casos de divorcio o de conflictos familiares entre los herederos de una sucesión.
Según los expertos las técnicas de reparto matemático justo, pueden aplicarse para solucionar desde conflictos laborales o disputas territoriales hasta luchas por el poder entre grupos políticos o personas. La clave es que las partes tengan voluntad real de llegar a un acuerdos.