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Mi encuentro con Dios


Yeni, mi hija de 7 años, me preguntó: ¿Papi, cómo es Dios?. Su inquietud me sorprendió. Señal 1. Dos días después, mientras conducía hacia mi oficina, sorprendentemente se desprendió la suela de mi zapato derecho, cosa que me llamó la atención ya que por lo general hago el esfuerzo de comprar calzados muy resistentes para que soporten el tren de trabajo que tengo a diario. Como pude me los quité mientras conducía. Señal 2.
Recurrí al auxilio del primer zapatero que vi en la ciudad para que atendiera mi calzado. En medio de abanicos viejos, moldes amontonados en un lugar desvencijado y un apiñamiento de zapatos en reparación y otros terminados y luego de esperar pacientemente durante algunos minutos, por fin me atendió.
El zapatero, un señor de unos 60 y tantos años, con sus manos teñidas por su oficio, con una paciencia admirable para atender clientes insistentes para que les diera un buen precio, entre otras circunstancias cotidianas de su habitual trabajo diario, por fin me atendió.
Mientras mi calzado se preparaba me dice: Hijo, te voy a hablar no como este viejo que ves al frente; es la palabra de Dios que por intermedio mío te quiero dar, es el regalo de la palabra divina, y te quiero decir que siempre hay una oportunidad de reencontrarse con Nuestro Padre Celestial. Vuelve a tu iglesia, acércate a Dios nuevamente ya que te has apartado de su casa. Nunca es tarde. Posteriormente oró por mi.
Fue sorprendente y en cierta forma me sentí desagradecido con Dios por no ver todo lo que tengo y he podido alcanzar. Sin embargo, aquel zapatero, en su ambiente de trabajo no tan cómodo como el de nuestras oficinas, puede tener un espíritu tan grande como para ayudar a un semejante por medio de frases de gran contenido y profundidad. Entonces, ¿por qué no pensar que realmente hay ángeles entre nosotros? ¿Por qué somos tan ciegos a veces, que no vemos las verdaderas señales que pueden venir de algún lugar divino?
El encuentro con Dios puede ser en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia, a mi parecer. ¿Estamos cumpliendo con sus leyes divinas? ¿Hacia dónde vamos con nuestros valores? Me dijo aquel desconocido que lo mínimo que desea nuestro Padre Celestial es que cumplamos con sus mandamientos. Fíjense, ¿no les parece que es un verdadero encuentro con Dios?, aquellas características divinas de perdón, de piedad, de sinceridad y de humildad. Nuestra humanidad tiene un entorno de arrogancia y apego por lo material fuera de control, además del odio y engaño que envenenan el espíritu.
Con su humildad, él nos está pidiendo que cambiemos, que aún podemos ser mejores, que nunca es tarde. Ese fue el mensaje que me dio aquel humilde zapatero lleno de muchas riquezas internas. Después de hablarme con profunda sinceridad y regalarme una oración, me despedí de aquel señor, no sin antes pagarle por la reparación de mi zapato y luego me alejé de aquel lugar bajo la lluvia hacia mi auto.
En conclusión, puedo tomar a mi hija y decirle: "mami, Dios puede estar más cerca de lo que pensamos. No necesariamente es un tipo alto y rubio, con una bata blanca y una luz en su entorno: está con nosotros. Es mi regalo para ustedes... ...humildemente...


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109489
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América