Variedades

Mi hermano es mi mejor amigo

Si eres adolescente y tienes hermanos, qué gran oportunidad tienes de ayudar a moldear la personalidad de tus seres queridos.


Quizás te quejas de que cuando bien podrías estar en el cine, con una chica o en la discoteca te toca quedarte cuidando a un hermanito o hermanita. O de que no sabes de qué hablar cuando estás con tus amigos o amigas y tienes cerca a ese muchachito o niñita que también tiene el mismo papá y la mamá que tú, pero que en vez de querer oír de artistas, bailes y reggae quiere andar en bicicleta, jugar con Barbie o pasarse horas y horas viendo cómicas y que tú le digas por qué siempre Tom el gato tiene la peor parte aunque Jerry, el ratón, sea más pequeño. Escúchame bien lo que te digo: Tu hermano es o puede ser tu mejor amigo. O, si eres mayor, dicho al revés sería: Tú puedes ser el mejor amigo de tus hermanos.
Creo que tomar nota de esto te puede ser útil para que no dejes pasar una gran oportunidad.
Ojalá todos pudieran decir de sus hermanos eso, que son sus mejores amigos. Confiar, con los ojos cerrados, en que les darán un buen ejemplo. Saber que cuando los necesiten estarán allí. Como una roca sólida de la cual asirse.
Yo tengo ocho hermanos. Éramos diez hasta que se nos fue Miguel Ángel. Gracias le doy a Dios por habérmelos dado, por haberme hecho nacer en la familia Orocú Mojica.
Todo habría sido diferente (no sé si mejor o peor) si hubiese nacido en otra cuna. Si hubiese sido hija única. Estoy contenta con la que me tocó.
Todavía recuerdo las guerras de papeles o de almohadas, las travesuras que ideábamos juntos. El despertar bien temprano en la madrugada, primero que el cantar del gallo. Para ir, presurosos, en fila india en la Hacienda Limón, en La Chorrera. Cada uno con un vaso, todavía en pijamas. Medio adormilados. Y Mayda o Marco llevaban un paquete con azúcar y una cuchara.
Ansiosos, caminábamos hacia las galeras donde ordeñaban las vacas, que nos regalaban a esos niños de entre cuatro y diez años con deliciosa leche, calentita, de su ubre que también amamantaba otras vidas, la de los terneritos que correteábamos junto a chivitos. Y detrás de esta muchachada iban los dos perros Guardián y Sultán.
Bueno, hay tantos recuerdos bonitos, tristes, aventuras, goces, sueños que compartimos.
Sí, tener hermanos es una bendición. Y una oportunidad de crecer y explorar juntos. Claro, también es una gran responsabilidad. Pero no te asustes. Bien nos lo dice la psicóloga Lizeyca Villamil, tú, como adolescente, estás buscando tu identidad. Quieres saber realmente quién eres. De qué eres capaz. Hasta dónde puedes llegar. Quieres desarrollar todo tu potencial. Estás lleno de energía. De planes. De ideas confusas también. De sueños. Y otra cosa, eres dueño del tiempo. Al menos de eso estás convencido. Aunque no sepas qué hacer o cómo hacerlo, quieres hacer tantas cosas. Y con la mejor compañía del mundo.
Y, habrá ocasiones en que no creerás que precisamente la mejor compañía sean tus hermanos. De igual edad, mayores o menores.
Sin embargo, insisto en que te equivocas y te invito a probar nuevas formas de entretenerse juntos, de ayudarse a ser mejores, de ser amigos, confidentes, guías o dejarse guiar según sea el caso. Villamil nos dice que a tu edad tú estás tratando de desprenderte de la familia, de ganar independencia.
Tratas de convertirte en adulto o adulta. Y qué importante que es ese sentimiento de aceptación y pertenencia. No es fácil estar, pues, en esa etapa y tener que quedarte cuidando a tus hermanitos porque mamá trabaja y no tiene para pagar niñera o porque eres el mayor o la mayor.


No lo veas como algo malo, piensa que tienes la oportunidad de demostrarle a tus padres que pueden confiar en ti. Que eres serio, capaz y que te importa la suerte de ese hermanito o hermanita, que para ti es como un tesoro. Y si los separan pocos años, tanto mejor, porque tendrán más en común, dice Villamil.
Pero, también te invita a pensar en que si se trata de un chiquitín a tu cargo, vaya que te verá como su ídolo. Casi siempre ellos quieren ser como los hermanos o hermanas mayores. Entonces, no lo defraudes. Recuerda cuando eras chico y querías un mentor, alguien que te guiara, alguien a quién preguntarle cosas, alguien con quien conversar. Una voz y mano amiga.
Otros consejos sobre cómo tratar a tus hermanos y asuntos para que reflexiones son:
  • Nunca lo humilles. Menos frente a sus amigos.

  • Jamás hables mal de él con sus amigos.

  • Esfuérzate por conocer quiénes son sus amigos y cómo se conducen en la vida.

  • Eres como su espejo, procura ser un modelo digno de imitarse.

  • No hagas nada ni digas nada que pueda dañarle física, mental, moral o emocionalmente.

  • Muestra empatía, trata de ponerte en su lugar para comprenderlo mejor.

  • Aprovecha para exhortarlo en sus áreas de fortaleza y ayudarlo en las debilidades.

  • Actúa con él como querrías que actuase contigo alguien que te quiere.


Finalmente, no pretendas que sea una réplica tuya. Recuerda que son personas distintas. Aunque lleven la misma sangre piensan diferente y sus sueños no tienen que ser iguales tampoco; pero puedes ayudarle a conquistarlos.


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245727
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América