Con el homenaje a John Lennon de Gucci y la incertidumbre sobre el futuro de la corbata, las grandes firmas de la pasarela de Milán apuestan por la ropa sencilla y cómoda, con el regreso del esmoquin para las ocasiones especiales.
El cantante del grupo británico "The Beatles", asesinado en 1980, poeta e inconformista, ha sido el modelo elegido por Tom Ford, director creativo de Gucci, como imagen de su colección de ropa masculina para el próximo otoño-invierno.
Sobre una pasarela recubierta de pétalos de rosas, jóvenes de aspecto pálido y ojeroso, bajo los acordes de "Starting over", portaban tejanos gastados y con la vuelta hacia arriba, camisetas blancas, chaquetones forrados de borreguillo contra el frío y la gorra negra de los obreros portuarios de Liverpool.
La firma italiana ha considerado que a pesar de su falso pecto desaliñado, sus clientes son capaces de gastarse una fortuna en vestir a su gusto con ropa cómoda, sencilla y relajada.
"En la moda estamos todavía en el siglo XX", señaló Ford al considerar que en el nuevo milenio los jóvenes todavía admiran e imitan en el vestir a figuras como Lennon y Che Guevara.
Así, en la colección de Dolce&Gabbana figuraron camisetas negras con motivos de la música "heavy metal", aunque también se incluyeron modelos de corte militar, mientras que Laura Biagiotti, presentó su "cyber-tejano", un pantalón con filamento de acero que lució en la pasarela el campeón olímpico de natación Massimiliano Rosolino.
Otra de las novedades de esta semana en los desfiles de "Milano Collezioni", que presentan las colecciones otoño-invierno para hombre en la próxima temporada, fue "el regreso" del esmoquin.
Posiblemente la prenda más elegante en el vestuario masculino, denostada en el pasado por su carácter capitalista y decadente, ha sido reinterpretada por Gucci en distintos tonos de negro, blanco e incluso color champán, llevada sobre una camiseta de seda para desdramatizarla y hacerla más juvenil.
El esmoquin también figuró en el desfile de Nino Cerrutti, junto a excéntricos conjuntos como un chaleco con capucha de visón, o un cuello de cabra sobre un traje de corte clásico.
Los ecologistas no deben estar contentos con la pasarela de Milán, una de las primeras citas del calendario anual de la moda italiana, en la que las pieles de todos los estilos, desde la foca al canguro, han sido utilizadas con generosidad.
Y una de las incógnitas planteadas en la capital lombarda, en la que se dejan entrever algunas líneas que previsiblemente marcarán tendencia en las posteriores colecciones "pret-a-porter", menos exclusivas económicamente, ha sido el futuro de la corbata.
Mientras el mercado dice que las ventas de accesorio continúan a la baja, los modistos han decidido volverla a proponer: más pequeña, mimética -del mismo color que la chaqueta o la camisa-, de lana, o en forma de pajarita, pero decidida a mantenerse.
Donde la corbata ha perdido la partida es en el guardarropas de los denominados "bobos" (del inglés "bourgeois-bohemian", "burgueses-bohemios"), jóvenes cultos y acomodados que aman el lujo pero desprecian los excesos y la vulgaridad, y que parecen haberse convertido en el nuevo objetivo de los estilistas.
Así, la colección presentada hoy por "Samsonite" contó en Milán con la presencia del escritor estadounidense David Brooks, que con su libro ""Bobos" en el paraíso" definió un nuevo grupo social que en la era internet está destinado a sustituir a los "yuppies".
Los "bobos", siempre de viaje -ya sea por trabajo o por placer-, visten ropa cómoda y holgada, pantalones tejanos y jerseys de felpa, en tonos azules, grises y beige, que recuerdan la vocación aeronáutica de la colección "Samsonite".
El escritor y periodista recordó que ningún empleado de Silicon Valley -el "templo" de la informática en EEUU- usa chaqueta y corbata, que son considerados "símbolos del perdedor".
"La ropa adecuada es la informal pero de marca, que demuestra el auténtico éxito social", según Brooks, quien añadió que estos "nuevos ricos" de inicios del milenio, más informales e inconformistas que sus arrogantes predecesores de los noventa, "se sienten artistas aunque trabajen en una multinacional".