Variedades

‘Míster Políticus’, un lobo sin antifaz

Esta obra describe a un tipo de individuo calculador, que se deja dominar por las bajas pasiones.


Rosalina Orocú Mojica (rosalina.orocu epasa.com) / PANAMA AMERICA

Ya nos habían dicho que los hombres son de Marte y las féminas de Venus. Nunca, de dónde los políticos.

Ramón Fonseca Mora nos pone claro que han sido, son y serán parte de la realidad social de la humanidad y lo que es más importante, el autor valientemente los desenmascara. Pinta un retrato de ellos. Ya lo expresa claramente en el preámbulo de su novela “Míster Políticus”, para que no haya lugar a dudas: “Cualquier semejanza con la realidad en el mundo, NO es mera coincidencia”.

Los malos políticos son como las malas hierbas, como los animales rastreros, trepadores, como pirañas, como sanguijuelas que desangran a la Patria.

Eso se colige cuando se lee la obra de Fonseca Mora, que fue presentada el martes de esta semana en Exedra Books, donde afirma, en voz de uno de los personajes, un leguleyo, un “lobo con piel de oveja”, el tan mentado “Míster Políticus” (el famoso exdiputado que se cree casi un dios, cuando habla con otro de los personajes, su hija, rebelde, idealista, que no acepta vivir con las reglas del juego de él y se le enfrenta), que: “La verdadera política es cruel, inhumana, competitiva; y no la fantasía que ustedes defienden. No es un ejército de caridad, Ana. Ni de ‘servicio a los demás’, como dice su lema.”

La historia arranca en la selva. Sí, la selva de cemento, donde hay más peligro y es más fácil amedrentar al individuo, porque una de las armas que se utiliza es la psicología y en la que son muy diestros los malos políticos. Esos que tiran a matar, que, fieles a Maquiavelo, están convencidos que “el fin justifica los medios”, que piensan que en el ruedo todo es válido y que pasan por encima de las reglas sociales e imponen unas hechas a su medida.

Pero, aunque con esta novela, Fonseca Mora abra la “caja de Pandora” que es la política mal interpretada, también deja espacio para la esperanza. Cuando se arranque de cuajo las malas hierbas, esos políticos que se lucran con las arcas del Estado, esos que roban ilusiones y esperanzas y que hacen de tantos tontos útiles, los que “se amparan en la inviolabilidad de sus puestos. Estos dejan de ser ellos para convertirse en sus títulos. ¡Señor presidente! ¡Señor diputado! ¡Señor ministro! Y lo peor es que se creen su atolondrado discurso y desechan la verdadera política”.

Cuando se permita crecer y florecer a los buenos políticos, donde la educación en valores desde el hogar, la escuela, los medios, la prédica con el ejemplo, tienen gran protagonismo. Cuando haya más políticos como Rodrigo, gran discípulo de Eutimio “el cura que adoraba a Neruda”.


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821980
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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