Las “divas” de verdad hacen historia, por ello, Elizabeth Taylor es considerada una leyenda del cine.
Ella nació para ser actriz, a los diez años ya se había protagonizado películas, a los 17 era una de las chicas más solicitadas por los directores de cine, a los 22 estaba considerada como uno de los rostros más bellos de la gran pantalla y durante toda su vida fue una de las grandes divas de Hollywood, logrando lo que en otras resultó imposible: unir su talento como actriz y una vida tumultuosa y apasionante que fue la mejor de sus películas. Durante muchas décadas, fue el símbolo del lujo y el “glamour” de Hollywood, sabiéndolo aprovechar a su favor, una mítica diosa del celuloide.

La última gran diva del cine, que nos dejó este miércoles 23 a los 79 años.
Decaída.

Elizabeth Taylor grabó su última película hace 17 años (la fácilmente olvidable "Los Picapiedra"), fue nombrada aristócrata por la reina Isabel II hace una década, y vivió sus últimos años atada a una silla de ruedas, negándose a padecer más operaciones quirúrgicas (en 1997 fue operada de un tumor cerebral y en 2009 de válvulas coronarias), pues quería enfrentar a la muerte con valentía.
Llevaba dos meses ingresada en el hospital Cedars Sinai de Los Ángeles, a causa de la insuficiencia cardiaca congestiva que le había sido diagnosticada en 2004. Pero hasta el final fue la gran dama del cine que quiso ser desde pequeña. No le gustaba nada que la llamaran Liz, pero ha sido este diminutivo el que queda para la leyenda. Hasta no hace mucho se la podía ver bailando en su silla de ruedas en discotecas exclusivas de Los Ángeles, cargada con sus legendarias joyas, que la hacían brillar como un árbol de Navidad, negándose a dejarse deprimir por la muerte de su amor platónico, Michael Jackson.

Ascenso.
Trabajó con los mejores directores de Hollywood: Vincente Minnelli, Joseph L. Mankiewicz, Mervyn LeRoy, William Dieterle, Richard Brooks, Mike Nichols, entre otros. Hasta sus últimos días estuvo activa: hace un mes “tuiteó” desde su cama del hospital, era una mujer de armas tomar, no en vano fue temida como Virginia Woolf, la esposa de siete maridos, reconvertida al judaísmo por amor (Mike Todd, inventor del sistema Todd-Ao y muerto en accidente de aviación), compañera de parrandas del semisuicida Montgomery Clift y casada con un alcohólico albañil, Larry Fortensky, durante una de sus numerosas desintoxicaciones. Cuando celebró su 75 cumpleaños, lo hizo buceando entre tiburones en las costas mexicanas.

Nominada al Óscar por su personaje de la bella sureña Susanna Drak en 'El árbol de la vida' (1957), por 'La gata sobre el tejado de zinc' (que se lo arrebató su futura rival Susan Hayward por '¡Quiero vivir!') y por 'De repente, el último verano' (1959), finalmente lo logró por su interpretación en 'Una mujer marcada', de Daniel Mann, en la que encarna a Gloria Wandrous, una prostituta implicada con un hombre casado en un accidente de coche. Pero la supuesta “maldición del Óscar” también le alcanza. Y durante los tres años siguientes no rueda ni una sola película.
“En Cleopatra” conoce a Richard Burton su quinto (y sexto) marido, junto a él obtiene su segundo Óscar por '¿Quién teme a Virginia Woolf?' (1966) en la que da vida a la chillona, descuidada y amargada Marta; su mejor papel.
Envidiada por unos, despreciada por otros, adulada por casi todos, Elizabeth Taylor, la última diosa del cine, nos deja más de cincuenta películas que dan cuenta de una intérprete excepcional.