En lo que tiene que ver con lo nocturno exterior, en sus cuadros capta la semioscuridad de una larga, que pareciera interminable avenida, por la que circula un automóvil acompañado del silencio como quien conduce hacia el país del no sé dónde, sin norte fijo, en búsqueda, quizás del quién soy y para dónde voy, que es una constante en la vida de los moradores del globo terráqueo.
Luces, sombras, claridad, silencio, espacios, con todo ello juega en su arte el artista peruano.
Ha sabido sacarles partido a esos momentos en que como dice, uno pareciera estar en las nubes, mirando o hilvanando musarañas (pereceando, pues) y de pronto baja del quinto cielo y sus ojos, al descuido, empiezan a repasar los objetos que lo acompañan en la habitación.
Es como si en segundos adquirieran mayor protagonismo cosas simples, de uso cotidiano o que sencillamente están en nuestro derredor porque tienen una función ya sea como utensilios para comer (tenedores, una taza), auxiliares para ver (unos anteojos), una silla, un dedal…hasta una bala.
El autor lo dice de forma sencilla: "son objetos a losque uno se amarra inconscientemente".
Continúa explicando que con los cuadros de esta propuesta artística lo que busca es "la reivindicación del objeto burdo". Ese que a veces pasa inadvertido a nuestra atención, al que no le damos importancia, pero que es imprescindible en la vida diaria".
Amante de la soledad, lo pone de relieve también en su obra , que está cargada de momentos e invitaciones para meditar, para lograr la introspección, para escaparse del yo público, el expuesto y entrar a la habitación interior, para mirar el alma cara a cara, sin máscaras, sin miedos, sin postergaciones…
Volvemos al tema de la soledad. Él la usa como pretexto para dar prominencia a lo aparentemente desprovisto de importancia. Soledad, dice, "momentos en que uno se retrae, en que uno está en su cuarto, momentos de presión", en que mira sin mirar y "se da cuenta de que no está mirando a nada". Entonces, sucede que se desdibuja el todo, para (cuando volvemos a la realidad luego de esas escapadas mentales) comenzar a notar que los objetos van volviendo a materializarse ante nuestra vista, que, gozosa, les da la bienvenida al mundo de ahora y aquí.
Giancarlo Vitor Soares es un hombre al que no le gusta estar encarrilado, sería como maniatar su arte.
"Yo pinto lo que me pide el corazón". El que quiera un cuadro suyo se lo puede encargar, pero, es él como pintor el que decidirá qué pondrá en el lienzo y si lo piden es porque les gusta lo que pinta.
Después de "Nocturno:exterior-interior", el artista de la plástica peruana, proyecta realizar el próximo año en Lima una muestra gigantesca, de obras con formatos de hasta 3 metros por 2 metros.