De la mujer se dice que es una persona del sexo femenino; que es quien ha llegado a la edad de la pubertad; es la casada, con relación al marido; es, en fin, la que más hace en la vida y a la que menos se le reconoce sus méritos.
Por ser ella, la mujer, quien con su poder de atracción amorosa acarrea fin desgraciado a sí misma o a quien atrae; quien gobierna o a quien gobiernan, dependiendo de cómo se mire, manda, ejerce o ejecuta mayormente los quehaceres domésticos y cuida de la familia con mayor responsabilidad, exactitud y diligencia.
Mujer es la que pare los hijos, quien los trae al mundo asistida por parteras, comadronas o un médico especialista en la materia.
En todos los asuntos de la vida, los mismos no tienen sentido sin la presencia de la mujer. Es por ello que este sexo ha sido importante en el devenir de los hechos históricos de la humanidad. Sin la mujer no hay vida.
Por su feminidad la mujer se preocupa por sí misma, se acicala, se arregla; se divierte y lleva la felicidad a todas partes donde esté presente.
Mujer bonita es la gorda, la flaca, la negra, la blanca; a la que llaman fea; es la rubia, la chaparra; no es aquella que vale dependiendo de su estatus económico o procedencia de club social determinado; es aquella que no tiene raza, color, posición social o económica, pero sí dignidad y decoro.
En honor a la verdad, la mujer bonita no es aquella la del perfil griego, ni la glamorosa u aventajada de esbelta figura, de ojos claros, oscuros o café.
Ella es, la mujer bonita, sencilla, aquella que pone los pies sobre la tierra, de buenos principios éticos y morales y que también tiene vocación por escuchar, por empeñarse en satisfacer a la sociedad y al mundo; es aquella que guarda en su interior, en su mente, pensamiento positivo y los exterioriza para el beneficio de los demás, olvidando ciertamente lo que quedó atrás.
La mujer bonita tiene primavera todo el año. Es pujante, agresiva, visionaria y no anda chacharriando todo el tiempo; es aquella que sabe combinar bien las cosas, es femenina por naturaleza; es la profesional o el ama de casa.
Pero, qué hay de su preocupación, de su arreglo personal, de ¿cómo le gusta lucir?
A las mujeres les gusta comer, pero también perder peso; pintarse, acicalarse, arreglarse el cabello, sacarse las cejas, alargarse los ojos; de igual forma maquillarse, usar prendas y accesorios de vestir para lucir mejor.
A otras, les encanta equilibrar el metabolismo dentro de los principios fisiológicos de la digestión para estar saludables. Entonces, hacen ejercicios aeróbicos, caminan, trotan, montan bicicletas y se esfuerzan por llevar una "regla de oro" para quemar calorías. Otras combinan la manera de comer con el vestir porque no les interesan aquellos temas de las proteínas, grasas, kilos de más u aquellos factores llamados "cursis".
Pero, a toda mujer sí le atraen razones de hermosura y elegancia; estar absolutamente femenina, enlazada artísticamente como una obra divina; no descuidada ni mucho menos alejadas de la atracción varonil.
Basta con sólo salir a la calle, entrar a un aula de clases de cualquier universidad, sala de teatro, sitios de trabajos en empresas públicas o privadas; en fin, concurrir a lugares públicos de cualquier índole y ahí encontrará usted a una mujer que se preocupa por su belleza física ante los demás.
Debido a que toda actitud de una mujer guarda una estrecha relación con el hecho de sentirse bien consigo misma, sus realizaciones, naturales por cierto, les llama por sentirse bien sin dejarse derrotar por los problemas cotidianos. ¿Habrá visto usted alguna vez a una mujer que no se preocupe por verse bella? No, ¿verdad? Puede tener su mente recargada con problemas y obstáculos hasta que éstos alteren su forma de pensar, pero nunca la verá convertirse en esclava de la fealdad, en todo sentido de la palabra.
Muchas mujeres van al médico, cualquiera sea su especialidad; por problemas físicos, sociales, espirituales y hasta intelectuales. Ello es así ya que van por medicamentos, tratamientos, orientaciones y consejos que les faciliten vivir una vida mejor.
Existen mujeres que consideran aspectos muy importantes en su vida, como: tratamientos faciales, bolsas de ojos, arrugas, patas de gallos, manchas en la piel; anticelulitis, tratamientos corporales, para realzar senos y glúteos, eliminar estrías o reafirmar el abdomen. Se entrenan para reducir de peso, tonificarse, flexibilizarse para oxigenar su cuerpo, hasta llegan a cuidarse de la impotencia sexual.
Por tradición, siglos de años, las mujeres se mantienen, o por lo menos es su deseo, una buena vigorosa energía en cuerpo y alma y equilibrio emocional y espiritual porque como sexo débil saben lo que necesitan.
Siendo así, estoy seguro que toda mujer deja sus huellas, porque en honor a la verdad, por referencia y pertenencia ella es la mejor creación Divina.