A raíz de que un colega en tono burlón se refirió a la iniciativa de Doña Teresita Yánis de Arias de presentar un anteproyecto de Ley para que la "invisible" (sólo para los hombres machistas) labor del ama de casa le sea reconocida por el Seguro Social, se me ocurrió mencionar tan solo parte de las tareas que las amas de casas realizan y de las que la sociedad (especialmente la gente del "sexo fuerte") no se percata. O hace como que no.
El ama de casa es una mujer multifacética, que tiene que demostrar capacidad para organizarse, administrar, delegar funciones, orientar y mucho más. Y casi todo a la vez, con pocos recursos y poca o ninguna ayuda de otras personas. Y sin quejarse. Y sin mostrarse cansada, porque se espera de ella que se resigne a su suerte de hacelotodo a cambio de nada.
Ella, sea letrada o iletrada, fea o bonita, alta o baja, fuerte o de consistencia delicada tiene esta misma suerte, de esclava social por decreto social. Bueno, quiero hacer la salvedad de que si la mujer tiene dinero las cosas son completamente distintas, porque, puede pagarle a una empleada o a más de una, para que estas tareas las haga por ella. Al menos la mayoría.
En términos generales, la mujer ama de casa tiene generalmente que laborar de taxista, madre de familia, esposa, amante, recepcionista, abogada, nutricionista, maestra, doctora, enfermera, orientadora, cocinera, contadora, administradora, etc. Y es que tiene que atender las labores del hogar, los hijos (alimentarlos, vestirlos, jugar con ellos, leerles cuentos, estar pendientes de su salud, darles cariño, orientarlos, consolarlos, llevarlos al colegio y a diversas actividades).
Además, dotada o no por la naturaleza de un rostro y cuerpo bello, el ama de casa ha de estar bonita para que el esposo no prefiera a otras que ve en el trabajo o en la calle mejor arregladas; tiene que escucharle los problemas de la oficina, atenderlo (prepararle una comida variada y bien hecha para que no rezongue) y pobre de ella si se enferma: los hombres son peores que los niños cuando les duele algo.
Y, si les parece poco, valga agregar que con el alto costo de los servicios de carpintería, plomería..., y si el esposo no es ducho en la materia, para ahorrar costos (puesto que tiene que hacer maravillas administrando el presupuesto hogareño), el ama de casa se las ingenia para hacer los arreglos por ella misma o gestionar que algún pariente los haga.
Súmele a todo lo antes dicho, su deber de ir de compras. Ella es la responsable de comprar la ropa, medicinas, hacer el supermercado, utensilios hogareños. También debe llevar a los niños al parque, cine u otro sitio de diversión; ir a la iglesia con los niños (tratar de convencer al marido de que los acompañe). A la hora de pagar las cuentas, por lo general es ella la que forma las largas filas porque él está muy ocupado y no puede faltar o llegar tarde al trabajo.
Quiero hacer la salvedad de que todo lo mencionado es trabajo extra para las amas de casa que además (y son una buena cantidad, puesto que la mayoría de los hogares de Panamá tienen como cabeza de familia a una mujer) tienen y ejercen una profesión o son microempresarias o tienen que ver cómo camaronean porque si no la familia pasaría más hambre.
Las mujeres trabajan sin descanso prácticamente las 24 horas del días. Ellas son las primeras que se levantan y las últimas que se acuestan. Y si los niños o alguien de la familia está enferma ellas son las que se desvelan por cuidarlos, al igual que a los ancianos. Si esto no es abuso social ¿qué nombre tiene? ¿Había usted alguna vez pensado al respecto? Si no lo había hecho, es hora de hacerlo.