Hace años en el convivir diario con mis alumnas/os del Teatro Infantil Tía Dora, inicié un proyecto que poco a poco fue tomando forma y cuerpo.
El mismo consistía en brindarles algo más que una formación artística, algo que les quedara inherente en sus vidas, algo que les permitiera abrir las alas, despegar y soñar sin fronteras con la imaginación.
Pronto me encontré con una barrera de proporciones inimaginables. Una realidad dolorosa, no sólo por su trasfondo, sino por las consecuencias educativas y culturales que significaba: ¡Las niñas y niños No leían!, ¡No les gustaba leer!... Por más intentos que hacía con metodologías innovadoras no conseguía despertar el interés en el alumnado.
¿Qué estaba motivando esta aparente indiferencia hacia la lectura? ¿Cómo podía lograr un cambio en los hábitos de lectura? ¿Lograría modificar la conducta de mis pequeños/as artistas a través del Teatro Infantil?
Todas estas preguntas me atormentaban a lo largo de mi carrera como psicóloga y como maestra de arte y deseaba con vehemencia encontrar la fórmula mágica para lograr mis propósitos.
Cansada de escuchar un debate estéril entre educadores y de estar tratando de buscar explicación a la incapacidad por mejorar el sistema educativo y culpándose mutuamente, inicié una transformación individual, personal y privada.
Después de largos años de intentos fallidos algunos, exitosos otros, pude vislumbrar el camino, ideal a mi manera, para lograr mis objetivos.
Y fue en ese recorrido donde encontré la posición privilegiada de la mujer, madre-maestra con la cual titulo este artículo.
Pues así, sin ambages, sin rodeos es como planteo mi hipótesis donde las mujeres podemos mejorar la cultura y la personalidad de nuestras hijas e hijos.
Históricamente se ha cedido la custodia de la prole a la mujer, y ¡cuántas veces nos hemos quejado de lo injusto de esta asignación, considerando que debe ser una responsabilidad compartida por ambos: madre y padre!
Pues bien, basta ya de lamentarnos y aprovechémonos de esta coyuntura cedida, para utilizarla a nuestro favor y lograr cambios en el orden social, en nuestra familia, en nuestras hijas e hijos.
Estoy de acuerdo de que hacerlo, no es fácil, y utilizando la teoría de personalidad de uno de los grandes teóricos de la psicología del aprendizaje, Albert Bandura, el cual sostiene que las niñas y niños pequeños "aprenden cómo ejecutar ciertas tareas observando a otros hacerlos y luego repitiéndolas por sí mismos" , respaldé mi hipótesis.
Fascinada por el trabajo de Bandura, lo cual me permitía concebir y fundamentar mi trabajo, me puse inmediatamente a realizar una serie de actividades encaminadas a lograr mi meta: ampliar horizontes culturales, en pocas palabras realizar un cambio, una mejor calidad de vida para mis alumnas y alumnos.
Lo primero que tenía que hacer, era lograr ese cambio en mi familia. Con mi hija e hijos, lo que me obligó a establecer un modelo atractivo de imitar.
Empecé por leer más, y más cada día ... Luego sutilmente los llevé a las librerías para que me acompañaran a comprar mis libros y casi sin que se dieran cuenta, los llevaba a la sección de cuentos infantiles. Posteriormente, hice un censo de los temas que más les interesaban.
Poco a poco fui haciendo una pequeña biblioteca para cada uno, no con los temas que yo quería que leyeran únicamente, sino también con los que les despertaba el interés a ellos. Al mismo tiempo, les incluía algún clásico que merecía estar en ésta pequeña colección de bibliotecas privadas.
Ahora bien, no era sólo el hecho de comprar libros bonitos, adornar el cuarto o el escritorio, sino de lograr el cambio de actitud tan difícil de realizar.
Nuevamente asumí mi rol de madre - maestra y en mis momentos de "descanso" aprovechaba para tener un coloquio y un rato de lectura con cada uno de ellos. Y es aquí donde tomo prestado un pensamiento de Uranio Ungo, filósofa panameña, madre, maestra que había leído, el cual explicaba que en los cambios feministas hay que darles una dosis de pasión.
Y fue con mucha pasión, con amor, con perseverancia que logré y estoy logrando una transformación en mi hija e hijos.
Este ensayo lo repetí con mis alumnas/os y hoy puedo decir que he logrado mejorar la calidad de vida de aquellos que han pasado por mi escuela, a través de la lectura de cuentos, de poesías, de obras teatrales, e inician un proyecto destinado a leer con una nueva perspectiva su propio destino.
¿Por qué utilizo el término de madres - maestras? La respuesta es simple y sencilla. Los primeros años de vida somos las madres quienes ejecutamos el rol de maestras en el aprendizaje de nuestras hijas e hijos. Luego al entrar a la escuela, son las maestras - madres las que se convierten en modelos por observación e imitación por ende responsables del aprendizaje de sus alumnas/os.
Comentarios provenientes de mi hija e hijos como: "mi Susy", "mi maestra se parece a Lady Di" o "mi maestra es tan bonita que la escogieron" confirma lo antes dicho, las niñas y niños idealizan a sus docentes y los elevan al lugar de maestra - madres.
Tomando en cuenta que en un 90% de los casos las mujeres asumimos la tarea educativa y el cuidado familiar y probablemente en el mismo porcentaje lo hacen las docentes mujeres, ¿por qué no utilizar a nuestro favor el desarrollo cultural de nuestras hijas e hijos?
Quiero aclarar que formo parte del grupo que lucha por la igualdad de las responsabilidades y la equidad genérica en todas sus esferas y mi propuesta no significa en modo alguno reforzar la ejecutoria hasta ahora realizada por las mujeres en desigualdad de desempeños. Pero por otro lado debemos aprovechar los espacios que tenemos y los "privilegios" en el terreno familiar que poseemos para lograr cambiar desde lo privado y obtener transformaciones que nos garanticen la igualdad y libertad que tanto deseamos.
¡Es en esa Nueva Generación en la que debemos trabajar! ; por lo pronto me siento regocijada cuando llego a mi casa y a mi escuela y observo cambios positivos en mi hija e hijos, en mis alumnas y alumnos. Cambios que van desde el desarrollo de una nueva personalidad, una mayor cantidad de lectores creativos y alumnos alegres y divertidos a la hora de leer y dispuestos a tomar la vida con un prisma diferente al actual.
Todo esto me indica que hemos logrado las "madres -maestras" el inicio de una mejor filosofía y una nueva actitud: "una vida con pasión y amor hacia la lectura, con equidad entre los diferentes sexos y un deseo apasionado de lograr un balance armonioso en nuestra sociedad a través de la cultura y la educación".
(La autora es psicóloga y maestra de arte).
Nota del Editor: La Prof. Xóchitl McKay de Delgado es directora del Teatro Infantil Tía Dora, agrupación que junto a la Fundación Biblioteca Nacional estará presentando las obras "Festival de Sabores", "Congreso Internacional de Muñecas y Muñecos", Escuela de Teatro", "El Cura Hablador" y "El Tenorio en Broma", este sábado 25 de septiembre de 10:00 a 1:00 p.m. en la Biblioteca Ernesto J. Castillero del Parque Omar, dentro del marco de celebración de la Semana del Libro.