En fecha reciente murió en la ciudad de Orlando, Florida lugar de su residencia, la inolvidable reina institutora, de las Bodas de Oro del Instituto Nacional Argentina Vásquez, quien fue coronada por la Dra. Lydia Sogandares, 1era. Reina Institutora. Su sencillez, belleza y dulzura la llevaron a ocupar el sitial deseado por la generación de bellas damas institutoras que se disputaron esa distinción con gallardía, cultura e hidalguía. Pero una debía ser la elegida y lo fue Tita. ¿Quién que hubiese vivido en esa época puede olvidarla?
Tita todo lo resolvía con una hermosa sonrisa. Fue una compañera altruista, sincera y leal; nunca envidió a nadie, cooperaba en todo y con todos, hizo de la amistad un culto insobornable y de la lealtad una manifestación sin condiciones.
Estudio en la Universidad de Panamá y el Simpson College en Iowa, Estados Unidos la Licenciatura para la enseñanza del inglés. Laboró en el Instituto Nacional, Instituto Fermín Naudeau, Primeros Ciclos América y Panamá y en el Colegio Internacional María Inmaculada. Después de su matrimonio con el norteamericano Charles Polak y residiendo en Orlando, fue profesora de inglés en el High School de esa ciudad.
Tita con su andar suave y delicado, como si temiera lastimar algo con su pisada, con sus bellos ojos de destellos diáfanos y significativos, su cabellera negra expuesta a las caricias caprichosas del sol o de la lluvia, con su sonrisa abierta y llena de contenido, recorrió las etapas de una vida fructífera como estudiante, hija ejemplar, profesional eficiente, esposas abnegada y madre consagrada. Luchó para vivir con estoicismo y gran entrega a Dios. Su muerte llegó..., sus ojos se fueron cerrando lentamente para no abrirse más, su hermosa sonrisa se fue desdibujando sin prisas, para permanecer para siempre en el corazón de todos los que la queremos y trataremos de emularla. Hoy su esposo Charles, su hijo John, sus hermanos: Matilde, Lino, Cristina, Santos, Rubén e Hilda, sobrinos, primos y demás familiares la encomendamos al Señor, en la seguridad de que nacemos para morir y que morimos para nacer a la vida eterna.