Variedades

Música vs racismo


El proverbio dice que la música no conoce fronteras y supera antagonismos. Pero en Berlín está ocurriendo algo que sugiere todo lo contrario, lo que evoca alarmantes memorias del nazismo.
El trasfondo es un simple plan del municipio de fusionar la venerable Staatsoper bajo la dirección del famoso músico argentino-israeli Daniel Barenboim con la más moderna Deutsche Oper que dirige Christian Thielman, un talentoso alemán de 41 años que ganó laureles este año dirigiendo "Los Maestros Cantores de Nueremberg" en el festival wagneriano de Bayreuth.
El proyecto de fusión, endosado por el alcalde demócrata cristiano, Eberhard Diepgen, es parte de un plan para racionalizar el amplio presupuesto de subsidios culturales que es uno de los orgullos de la capital alemana y que en este caso ahorraría sólo cinco millones de dólares al año.
Pero en la frecuentemente incompatible relación entre el Estado y las artes no hay nada simple. Pasaron pocos días antes de que el plan se convirtió en una vergonzosal disputa con tintes de anti-judíos precisamente en un momento en que está resurgiendo una ola de antisemitismo en toda Europa incitada por la explosiva situación en el Oriente Medio.
Barenboim que inició su carrera en Argentina y Nueva York a los 12 años como un prodigioso pianista antes de llegar a la cúpula de los directores de orquesta y ópera de esta generación, proyecto a la Staatsoper entre los centros líricos más respectados del mundo, rescatando su prestigio de la relativa oscuridad en que había caído durante el medio siglo que fue controlada por las autoridades comunistas. En tanto la Deutsche Opera, que ofrece operas en idioma alemán, es considerada más moderna y experimental.
Como todo en la vida musical, tampoco están lejos las diferencias personales y estilísticas. Barenboim es un apasionado admirador del legendario director alemán Wilhelm Furtwaengler quien llevó a la Filarmónica de Berlín a la cúspide de su prestigio,
mientras que Thielman se considera alumno de Herbert von Karajan, el sucesor de Furtwaengler,
Barenboim se opone vehemente a la fusión, señalando que es un error tratar de combinar una sala lírica con una tradición de 250 años con una ópera que fue creada en Berlín Occidental recién después de la Segunda Guerra y que se especializa más bien en escenografias experimentales. Thielman anunció que piensa renunciar a la dirección de la Deutsche Opera, pero íntimo que asumiría la dirección de ambos teatros si se adopta el plan de fusión.
La polémica explotó, rebasando el plano artístico y presupuestario al político cuando el concejal Democratacristiano Klaus Landowsky, la semana pasada resumió la disputa al periódico Berliner Morgenpost en una frase: "Por un lado tenemos a un joven von Karajan, y del otro está el judío Barenboim".
Cuando comenzaron a llover las críticas, el alcalde Diepgen, lejos de desautorizar a su correligionario salió en su defensa alegando que el comentario estaba supuesto a destacar la nueva "diversidad cultural" de Berlin.
Diepgen, consciente del prestigio que Barenboim goza a nivel mundial, de inmediato lo llamó por telefono a Chicago donde también ocupa el cargo de director musical de la Chicago Symphony, considerada como la primera orquesta de Estados Unidos.
A las explicaciones del alcalde con su "nuevo Berlin", Barenboim respondió con una tajante declaración de que está"asombrado" al enterarse que "mi judaismo tiene algo que ver con mi posición en la Staatsoper con mi musica".
En una explicacion más personal a sus amigos, Barenboim confió que la declaración de Landowsky, ya sea intencionada como elogio o insulto "me asusta igualmente".
"Es una declaración ofensiva de cualquier ángulo que se mire," añadió. "Encuentro a este tipo de antisemitismo tan atroz que ni quiero creerlo".
Sobre la polémica de fondo opinó: "Lo que se proponen resultará en la ruina de los dos teatros para ahorrar cinco millones de dólares de un presupuesto de varios centenares de dólares. No tiene sentido, ni artístico ni financiero".
Este corresponsal, que conoce a Barenboim desde que era un joven pianista y director de orquesta que viajaba por el mundo con las partituras marcadas y discos longplay de Furtwaengler, lo visitó hace dos años en Berlín donde se había convertido no sólo en una de las figuras artísticas más influyentes, sino también en un ícono de la reconstrucción de la comunidad judía, que antes del nazismo fue un foco de creatividad cultural, ya sea en la artes, las letras y la ciencia. Se interesabe intensamente, por ejemplo, en el proyecto iniciado por Michael Blumenthal, un pionero en la Alianza para el Progreso del presidente John Kennedy y ex-secretario del Tesoro del gobierno de Jimmy Cartier, quien es de origen judío aleman y que promueve un museo moderno para conmemorar la muerte de seis millones de judios en los campos de concentración nazi.
Aunque el director había trasladado su familia a Berlín donde su hijo estudiaba en la secundaria, emotivamente se consideraba más argentino e israelí, además de tener un lugar muy especial para Chicago. "Tengo un sentimiento especial para la Argentina," dijo, apuntando que uno de sus CD"s favoritos es "Mi Buenos Aires Querido", una selección de tangos de Gardel y Piazzola que ejecutó como pianista con Rodolfo Mederos en bandoneón y Hector Console en el contrabajo. Y este mes llevaba la Chicago Symphony a Buenos Aires en una gira para conmemorar el cincuentenario de su debut en el Teatro Colon.


fecha edicion
old id
51971
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América