La obra trata sobre la manera en que una decisión que Andy (niño cibernauta, citadino, acostumbrado a la selva de cemento y a viajes internacionales en sus vacaciones) objetaba le cambia su vida para siempre. Para bien.

Sus padres, por vez primera, decidieron que en vez de ir al exterior, estas vacaciones optarían por ir a ver a los abuelos de Andy en el interior, para que este se familiarizara con la campiña.
¡No quiero! ¡No quiero! ¡No quiero! casi diría el niño consentido y acostumbrado a salirse siempre con la suya. De poco le valió. Se impusieron papá y mamá.

Al campo fueron a dar y ¡qué bueno! ¡qué mágico! ¡qué interesante! le pareció todo al chicuelo acostumbrado a ver sólo rascacielos, calles repletas de autos que en desenfrenada carrera tratan de llegar primero sólo Dios sabe adonde en las angostas calles de la megápolis donde la gente pulula como hormigas, también apuradas por ganarle tiempo al tiempo.
Es que, ¿cómo no enamorarse del campo si allá los días no son como fotocopias uno del otro? ¿Cómo no sentirse cómodo en la campiña si te levantas con el canto del gallo y los besos de los rayos del sol, el olor del café, las tortillas, la lechona y otras delicias? ¿Cómo no pasarla entretenido ordeñando las vacas, alimentándolas con sal, correteando a las gallinas y los pollitos y echándoles maíz o alimentando a los cerdos? ¿Cómo no disfrutar de ir al río, a correr por la sabana, sin miedo de que un carro se te atraviese de pronto en el camino? ¿Cómo no deleitarse con los sonidos del campo? ¿Cómo no transportarse a otros mundos con los relatos de la abuela y el abuelo?

Dormir arrullado por la lluvia es otro deleite del que pudo gozar Andy, este niño nacido en la era de la informática, era del crecimiento citadino a ritmo galopante, era del crecimiento desmedido de la violencia porque, se comprueba, como en tiempos de la barbarie y las colonizaciones, que Rousseau tenía razón, “el lobo es el lobo del hombre”.
De no haber tenido esa maravillosa oportunidad de ir al campo, Andy jamás hubiese podido ver cara a cara al Águila Harpía, el Ave Nacional; tampoco, a la Niña del Salto Pilón, la Flor Nacional (la Flor del Espíritu Santo), a Tomasito el cocuyo ni al Gallo Vicente.

Detrás de todo hay una razón. En el caso de Andy, ir al campo era necesario para que despertara en el niño su nacionalismo, para que aprendiera a sentirse orgulloso de ser panameño, de sus tradiciones, costumbres, leyendas; para que conociera cómo es la vida del campo: interesante, ajetreada, llena de retos, rica en vivencias cotidianas.
“Mi lugar favorito”, es una franca demostración de amor patrio, de calidad artística y trabajo en equipo.
Allí todo detalle estuvo contemplado y se trabajó con amor: los parlamentos, el vestuario, la escenografía, las luces, el sonido, los efectos, las coreografías...
No dejen que nadie les cuente, vayan a descubrir, llevados de la mano del narrador, el espíritu del bosque (Randy Domínguez, encaramado en unos zancos de tres metros de alto) este súper interesante lugar que es el campo, y que se volvió, para siempre, en el lugar favorito de Andy.
¡Qué bella manera de enseñar, por medio del teatro, a niños y adultos que ser feliz, ser familia, ser comunidad, crecer como país, es posible si hay amor, valores, unidad, respeto y cooperación, para lograr metas comunes!
DETALLES ADICIONALES
Elenco:
José Carranza, Fabiola Sánchez, Neysa Ferguson, Randy Domínguez, Miguel Cuadra, Reina Medaglia, Irene Bermúdez, Juan Carlos Yeep, Manuel Paz, Miroslava Morales, Alejandra Arauz, Alexis Jaramillo, y el debut teatral del niño Felix Stanziola.
Cuerpo de Baile: Nathaly Paredes, Ximena Camacho, Alejandra Troestch, Peggy Bousounis, Ma Fernanda Cargiulo, Tathyana Atherly Omeally, Amanda Chu Noriega, Daniela Jovane, Andrea Cava, Nicole Turgman, Sofia Costarangos, Edgardo Hidalgo, Humberto Hidalgo, Agustín Castillo, Zoellner Campos y Katherina Costarangos.
Funciones jueves y viernes: 7:00 p.m.
Funciones sábados: 4:00 p.m. y 7:00 p.m.
Funciones domingos: 2:00 p.m. y 5:00 p.m.
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