A lo mejor tú lo eres o conoces a alguno. Están en todas partes. Llegaron para quedarse. Para provocar una metamorfosis social. Para sacudir a la sociedad desde sus raíces. Para romper paradigmas y estructuras obsoletas y asfixiantes que impiden la autorrealización individual, que atentan contra el yo, lo cegan, lo hacen ególatra e impiden florecer al "nosotros".
No los reconocerás por su aspecto físico a menos que puedas leerlo en sus vivaces ojos. Tendrás que sentirlos. Que conectarte con esos seres de aura azul, que tienen alta percepción y sensibilidad. Los elegidos para construir una sociedad nueva, inclusiva, tolerante, justa, donde prime el amor.
Esos seres tan particulares que no responden a patrón conocido, hasta ahora, son los llamados niños índigos.
Ellos remecerán las estructuras vigentes que no encajan en el mapa de oportunidades que vienen a forjar para los herederos nuestros. Los hijos de ellos. Y sus nietos.
Como te decíamos esos niños no encajan en moldes tradicionales. Quizás son una mezcla de perfiles conocidos. El hombre y la mujer del mañana con mentalidad y ropajes nuevos. Revolucionarán el modo de ser y hacer las cosas, de ver el mundo, de tratar al prójimo, de relacionarse con la naturaleza y esa fuerza o mente superior llamado Dios.
Según exploramos en la red, ellos piensan más en función del bienestar colectivo, abanderan la paz, justicia y solidaridad, fomentan el diálogo y empatía como herramientas para el manejo de conflictos, censuran la violencia y rechazan como inválidos en su código de ética el ampararse en filosofías como "ojo por ojo diente por diente" o la kantiana, según la cual "el fin justifica los medios".
No más pisotear valores y principios. No más subestimar al hombre ni ponerle zancadillas. Ellos buscan "impedir que el hombre siga siendo el lobo del hombre,
trabajan de cara a restaurar el equilibrio con la naturaleza.
Según The Indigo Children (Los Niños Índigo), de Lee Carroll y Jan Tober, no es que sean soñadores románticos de un mundo ideal. Son paladines de justicia, agentes de cambio social, fundamentado en el cambio integral del "yo" para caminar hacia el "nosotros".
Son muy intuitivos y se dan cuenta cuando alguien usa caretas. No trabajan con doble agenda. Ellos tienen claras sus metas, son auténticos y exigen que los demás lo sean con ellos.
El cambio que ellos pregonan y lideran ha de ser en el sistema como un todo. No a medias.
Hogar, escuela y comunidad tienen que repensar lo que han estado haciendo. Autoevaluarse objetivamente.
Han de practicar lo que predican. Han de renovarse, no pueden estar encasillados en viejos y disfuncionales modelos.
Celebrarán su feliz estancia en el III Planeta del Sistema Solar. No les gusta que los etiqueten. No son fenómenos ni tienen aires de grandezas. Pero saben que son especiales y se aseguran que "el resto" tome nota. De que tienen una misión muy delicada que cumplir. De que jamás pondrán en entredicho su capacidad de coronar el éxito. Tú podrás atestiguarlo.
No les gusta que los acorralen ni que les impongan una conducta sin mayores opciones o explicaciones.
Usan el pensamiento creativo como propulsor de cambios e ideas renovadoras, para crecer, descubrirse y descubrir.
Quieren saber los por qué, cuestionan y critican, por eso los tildan de rebeldes o disconformes.
Evitan dejarse absorber por el sistema.
Niños índigos lideran una nueva era
Un Índigo es un niño con nuevos atributos psicológicos y un inusual patrón de conducta. Se le llama así porque ese es el color de su aura.