Lizeyca Villamil, psicoterapeuta infantil recomienda, entre otras cosas: Tomar en cuenta que ningún niño/a se parece. No los/las compare. Trate de ver la terquedad como persistencia y como una característica positiva.
Si se trata de un niño o niña de uno o dos años que insiste, por ejemplo, en tocar algo que puede quemarle o herirle o quiere encaramarse en un lugar peligroso, sáquelo del área. Procure reforzar al niño o niña cuando está haciendo las conductas positivas.
Usted, escoja sus batallas. No puede estar peleando por todo. Hay cosas que son negociables y otras no y usted tiene que saber diferenciarlas. No espere hasta estar en la mesa de negociaciones para pensar qué es lo que va a hacer.
Es importante que cuando un niño o una niña no quiere hacer algo antes de imponerle su voluntad es bueno que se investigue las razones por las cuales no quiere hacerlo y se le digan aquellas por las cuales usted supone que debe hacerlo. Recuerde que tienen derecho a pensar diferente, poner objeciones y actuar distinto, porque son personas con criterio propio. Dígales y demúestreles que usted desea es su bienestar y no meramente imponerles su voluntad. De hecho el tener voluntad firme no es precisamente malo, porque ayuda a obtener metas lo que es una manera de ser perseverante y también impide que gente inescrupulosa le manipule.
Las batallas trate de hacerlas en un tiempo en que ambos estén de buen ánimo y con disposición para dialogar y razonar. Y entre ambos establezcan reglas y consecuencias de violar las normas.
En resumen, no trate de conseguir que sus hijos/as sean obedientes, responsables, respetuosos, etc., sólo porque usted es la autoridad y así se los ordena, sino porque estén convencidos de que estas actitudes les generarán buenos frutos en la vida personal y profesional.