El evento tuvo como escenario el pasado 27 de agosto el Gimnasio de la Escuela Normal.
Bellas mujeres ataviadas con el traje típico y elegantes caballeros lucieron "obras de arte" que engalanaron un concurso que cada año adquiere mayor reconocimiento.
Y es que por su corte y confección la pollera es un traje de inigualable atracción, con el cual la mujer panameña expresa su intensa feminidad.
Es por ello que estos eventos se evalúa cada una de las piezas de las que está compuesta y que son tres: una pretina, el cuerpo y el susto de la pollera.
Estas van trabajadas sobre tela blanca o estampadas con diferentes puntadas y enriquecidas con trencillas y encajes.
En la pollera, como elemento tipificador, ha llamado poderosamente la atención el arduo y delicado trabajo hecho a mano; el tradicional armazón básico, y el vistoso colorido de sus labores plasmadas sobre los finos lienzos con artística simetría.
En cuanto a la camisilla, que es parte del traje típico masculino, es una camisa fina realizada en tela de hilo, poplin o dacrón (no se utiliza seda), con delicadas alforzas o estiguetas y cuello chino. La botobadura puede ser dorada o de oro.
Mucho se ha hablado de nuestro vestido y hasta se le ha querido señalar el punto exacto de su origen, lo cual no se compadece con la materia folclórica, una de cuyas características es la de su espontaneidad y anominato. Ha debido derivar, como todos los de América Latina, del vestido de la española del siglo XVI o del XVII que vino con el compañero a sentar su hogar en América. Según la señorita Nieves de Hoyos, Directora del Museo Del Pueblo Español: "Creo sinceramente que la respuesta es sencilla, el origen está en España, pero no en el traje regional español, que, contra la opinión general, no llega a tener la forma definida con que hoy le conocemos hasta el siglo XVIII y bastante avanzado. La pollera panameña nace del traje femenino español del siglo XVII, no del traje de corte con grandes guardainfantes de ricos terciopelos o sedas labradas y labrado de encajes de hilo o de hilo de oro y plata, traje que enseguida viene a la memoria de todos por ser el que con tanta frecuencia nos lega el pincel de Velásquez. En el siglo XVII, como en cualquier momento, al lado del traje lujoso, hay el de diario; en esa época era un traje generalmente blanco o con una saya de amplio vuelo con dos o tres zócalos, con sobrepuestos o bordado en dibujo floral. Es esto sencillamente la pollera."