Paz, armonía, felicidad, belleza, policromía, respiro, un oasis en el desierto, una luz esperanzadora al final del túnel, una catársis... Eso y más consigue Gabriel Noriega con sus pinturas.
Él desea transmitir sentimientos y sensaciones positivas, que veamos la cara bonita de la vida, lo bueno que hay en el corazón. Eso quiere y logra.
"Pinto y dibujo desde siempre. Todos mis cuadernos de la escuela estaban muy decorados con mis dibujos", comenta.
Capitalino, abogado de profesión. En la pintura es autodidacta. Hace unos años tomó cursos y técnicas de resalto en Ganexa bajo la guía del pintor y profesor Adonais Rivera, y de una profesora brasileña.
Llegó al mundo pictórico de la mano de sus hijos, inspirados por ellos, a quienes también les gusta pintar.
El pintor ha venido desarrollando diferentes técnicas y estilos. Estudió dibujo mecánico y perspectiva desde la escuela. Esto fue una ventaja al momento de incursionar en la plástica.
Además de pintor es escritor, poeta y novelista.
Le encanta la pesca y tiene récord nacional.
"Al principio le tenía miedo al lienzo, a la pintura", admite.
Fue autodidacta intencionalmente, porque opina que "uno debe encontrar primero quién es y qué es lo que le gusta y qué es lo que lo motiva", después a caminar con confianza y a desarrollar al máximo el potencial.
Cuando él pinta le gusta hacerlo en acrílico porque siente que hay cierto reto que tiene el autor de la obra en cuanto a tiempo para pintarlo.
"En acrílico el tiempo de secado es tan rápido...". Entonces, es asunto de "enfrascarme con el lienzo. Cuando arranco es como una guerra" contra el tiempo para plasmar el cuadro que ya tiene pintado en la mente.
Explica que no pinta en contrastes tradicionales de luz y sombra.
Lo suyo es la luz. Sus contrastes son de luz y luz. Mucha luz. Luz, propia del amor, la naturaleza, los buenos sentimientos, a los que rinde tributo con cada cuadro.
Sigue hablando de su arte. Nos dice que los colores que utiliza son muy intensos. Que es muy celoso de su obra. Que no pinta para los críticos de arte, le pinta al observador.
El de la pintura es para Gabriel Noriega, "un mundo en el que yo me escapo. Cuando me sumerjo en la obra termino exhausto. El mundo puedo construirlo como me gustaría que fuera. Todas mis obras son más que un pedazo de tela con un poco de pintura".
Expresa que culminado cada cuadro, ha vivido tan intensamente el sentimiento mientras ocurría el parto artístico, que siempre se siente un ganador.
Se ha inspirado en los más bellos sentimientos, en el rostro alegre de la vida.