Derrochó energía, bailó, brin-có, cantó, quedó en medias en escena, se despojó de unas espectaculares botas negras y hasta de su brillante brazalete, quería dejarlo todo en un teatro Anayansi abarrotado de gente de todas las edades que la aplaudía a rabiar, hasta que el presidente de la Fundación Pride le dijo "Olga, nos has dado demasiado".
Ya eran pasadas las once de la noche de un evento que arrancó un cuarto para las nueve con la aplaudible presentación de "Los 33", quienes se lucieron con tres de sus temas más recientes: "Si sabes lo que quieres", "Sin ti" y "Cosas que pasan".
Luego del rock vino el "show" de Olga, cargado de explosiva energía, con dos pantallas gigantes que la seguían, su orquesta completa, corpulentos bailarines, coristas y una interactividad que dejó a todos con ganas de más. Aquello fue no menos que un encuentro bailable, donde el público hasta se aprendió un paso nuevo con una palabrería ideada, según Olga, por su mamá para dormirla. Era algo así como "tanga, tanga, tanga, , tangatanga, tangantán".. Por cada tanga era un meneo de cadera enérgico, hacia un lado y hacia el otro, hacia atrás y finalmente con fuerza hacia delante. ¿La "cogió"?. Bueno, no importa, la cosa es que las cerca de tres mil almas reunidas en el teatro se pararon de sus butacas para practicar el divertido "tanga, tanga", con el que disfrutaron tanto como con "Es mentiroso, "Cómo olvidar", "Amor secreto" , "Muchacho malo", "Prohibido el paso", "Yo por ti", en fin, un repertorio variado que permitía por cada disco movido (que la gente bailaba en sus puestos hasta con vueltas y todo), otro más suave, una balada relajante que aunque no la bailaban, sí la coreaban a todo pulmón.
Dos cambios de vestuario fueron suficientes para dejar lucir su figura. "Perdonen si me ven algún rollito (en el cuerpo), es que me he comido como unas 24 carimañolas", dijo sonreída la cantante, momentos antes de anunciar que cumpliría con su promesa de obsequiar un par de zapatos, como lo hace en cada concierto que ofrece en Panamá. Esta vez fueron unas botas negras, las que se quitó en escena, quedando en medias blancas. "¡Ay!, me quedé chiquita. Este es el país donde más me han dicho lo chiquita que soy. No se callan nada", comentó la cantante al bajarse de las botas, las que subastó al mejor postor en una puja que empezó con cien balboas y terminó con la oferta de 400 balboas por parte del señor Martín Sosa, un ex directivo de PRIDE, quien aunque no sabe aún qué hará con las botas, dijo que quiso colaborar por estar muy compenetrado con la causa de la fundación, porque la prevención es la clave para acabar con las drogas.
Pero allí no terminó la cosa. Para sorpresa de todos, Olga se quitó también su brillante pulsera para subastarla a beneficio de PRIDE, pero el presidente de la fundación no se lo permitió. "Esta pulsera es para ti, Olga. Ya nos has dado demasiado". Entonces, Olga, ni corta, ni perezosa, decidió obsequiarla de todos modos a la Fundación para que "hagan lo que quieran con ella". Fue cuando intentó despedirse con "Basta ya".
Antes de retirarse de escena se le entregó un ramillete de flores como agradecimiento y con flores en mano Olga empezó a caminar como nuestras reinas de carnaval, ¡paran pan paran, paran pan pan, pan pan!, la artista movía las manos cual reina de Las Tablas y luego de despedirse, la multitud le pidió otra y complació con "La receta del amor": "esa canción es más vieja que la s..., pero bueno", dijo antes de interpretar prácticamente "a capella", el tan gustado tema: "Siente el amor/ suave y sin prisa / llévalo junto a tu sonrisa. ... y cuando ya no sientas nada....". La gente seguía pidiendo otra y el broche de oro fue "Que se vaya, que se vaya, que se vaya de mi vida". Y así, se fue Olga entre aplausos con la promesa de volver con más zapatos.