Variedades

Noventa y tres años no son nada


Mi Niro era muy guapo. Alto, bien parecido y muy romántico, dice la Sra. Esperanza Miranda Vda. de Serracín, de 94 años de edad, quien, sigue siendo romántica y disfrutando de los boleros, aunque ya no baila como hace unos años.
Entrecerrando los ojos comienza a cantar parte de una canción de una serenata que don Deyaniro le cantaba para enamorarla: "Yo trovador errante/ que al pie de tu ventana con mi laúd yo vengo/ mis cantos a tocar, oye mi estrofa/ niña mía, mi reina, mi sultana/escucha mi sendella y deja de soñar".
Dice que esa canción él las aprendió de Julio Colón. "Y Niro cantaba muy bien. Y, como era atractivo las muchachas lo correteaban como las abejas a la miel". Pero, hace la salvedad de que ella no lo celaba mucho. Al menos cuando estaban viviendo cerca de la madre de ella, en Boquete, porque ésta le había enseñado y se lo decía a cada rato, que: "No le reclame si amanece en la calle, a menos que a usted le falte la comida o que los hijos estén enfermos. Porque, de la puerta para afuera, el hombre es completamente libre".
"El fue educado donde los hermanos cristianos y allí aprendió a cantar y cuando ya se hizo hombre aprendió más de lo que debía...", añadió, con una sonrisa picarona, mientras Kathia su nieta de 32 años la abraza, le da un beso y le pregunta: "¿Mamá y cómo se hizo ese rasguño en la mano"?, a lo que la buena señora contesta sonreída: "Eso me pasó por traviesa. Estaba halando una soga de la ventana donde se enredó la toalla de la perra".
"Dígale a mamá que le ponga una crema que yo le compré para usted para suavizarle la piel", le dice Kathia, esta vez refiriéndose a su mamá, porque la nieta le dice mamá tanto a ambas. "Para mí mi abuelita es como mi bebé, yo la mimo mucho y estoy al tanto de ella, porque es traviesa", explica, mientras la madre dice que Doña fue tan buena con ella y sus otros hermanos y hermanos (tuvo 5 hijas y 4 hijos) que lo menos que puede hacer es ocuparse de que no le falte nada y de darle mucho cariño.
Mientras, la entrevistada, de 93 años observa y comenta que: "Qué crema ni qué crema, yo me pongo vick y ya está, se me arregla. Para lo que no tengo compostura es para lo arrugadita que estoy, pero, eso no tiene que ver nada con la edad, yo estoy en pleno desarrollo".
Entre tanto, se pone a coser una colcha y cuando nos ve la cara de sorpresa porque con casi un siglo a cuestas hace este tipo de labor, exclama riendo: "Mire, yo todavía coso, yo no estoy para estorbar a nadie. Estoy medio cegata. Si yo no veo para cocinar, entonces, yo coso. Lo único es que yo doy una puntada aquí y otra en Pedregal y otra en Tocumen".
Aunque no ve muy bien no quiere arreglarse el ojo, cuenta, porque, "una vez me operaron de una catarata y me costó B/. 500 arreglarme ese ojo y total que veo mejor con el otro. Así que, me quedo cegata y esos B/. 500 mejor me los como, me los gasto en mi papaya o mi plátano o se los doy a mis nietos".
Ahora bien, ante el comentario de que pese a su edad comparada con otras personas de menos edad su cabello no se ve tan encanecido, ella ríe y dice: "las canas deben ser heredadas de la mamá de Deyaniro, que era italiana, porque...", hace una pausa, se muestra su cabeza y agrega "a los cholos no se les emblanquece el pelo".
Ella vive en Nueva Concepción, con su hija Silvia Elena Serracín, de 71 años y su nieto Domingo Serracín de 46 años. Ella dijo de su madre que: " Mi mamá está clarita y es idéntica a mi abuela Evangelista Miranda, chiquitita, lo único que mi abuela era quemadita. Murió de 103 años.
La explicación de su longevidad dice la entrevistada, "es haber tenido a mis hijos temprano y ahora están todos grandes con sus hijos". Agregó que, a su abuelo, José Miranda, le decían "el cojo" y era muy conocido en Chiriquí.
Ella se vino para Panamá en 1951. Ante la muerte de su esposo, se le hizo duro criar a nueve hijos/as. Pero, fue perseverante. Su mamá desde los once años le había enseñado a trabajar (en casa de familia y la recomendaba mucho a la patrona) y le hablaba de la importancia de la decencia, responsabilidad y otros valores que distinguen a la persona. Recuerda que la mamá cocinaba para los trabajadores del ferrocarril. "Había que madrugar a limpiar y a tener todo listo, el cafecito y el desayuno". Y, limpiar el suelo, que quedara brilloso era tarea dura, más todavía si la gente venía con las botas o zapatos llenos de lodo y en un santiamén lo ensuciaban.
Cuando recordó esto del lodo y el piso se echó a reír recordando una anécdota: "Con tal que Niro cuando me pretendía no ensuciara el piso recién limpiado mi mamá estableció que me visitara cada 15 días en vez de con más frecuencia".
Relata que a su esposo Deyaniro le gustaba tomar y la mamá de ella bajaba una vez al mes, primero y cada dos meses después a su casa y ella tenía su finca (la mamá de ella). Y , aún de grande le decía: "Dios quiera que yo sepa que usted bebe o fuma. Que después no hay quien cierre la puerta, porque, aunque sea casada yo le pego. No fume, porque usted es muy presumida. A usted le gusta el traje con el lazo".
Después de todo, comenta, "nunca leí la primera carta de amor que me mandó Niro". Porque, resulta que se la mandó con un amigo de la familia, que la abordó para dársela cuando ella fue a buscar agua, pero cuando supo la procedencia y creyó que era de un muchacho de la familia Quiróz: "¡Ay, si mi mamá no gusta de esa gente!, me dije, y así mismo cogí esa carta y la quemé. Yo ni la leí"
Más tarde él le pasó cerca un día, también mientras ella buscaba agua y le dijo más o menos así: "Usted no me ha respondido que le pareció mi carta. ¿Recibió usted una carta mía? Y allí supo de quien se trataba y cuál era su apellido: Serracín.
Explicó eso fue cuando ella tenía 18años. Y que la conquista fue lenta. Nada de apresuramientos como en los tiempos de ahora. Y, los detalles de él contaron bastante para que ella se fuera enamorando...para siempre.
"Gracias a Dios fue un buen esposo, un buen padre y me quería mucho. Me decía, eso sí, que "suerte que es chiquita porque si no acaba conmigo". El era muy alto y bien plantado. Me llevaba 5 años", rememora.
"Con Niro fui muy feliz. Yo lo quería y él quería mucho mi hijo y me ayudaba mucho. Era muy buen esposo, gracias a Dios. Cada dos años salía en cinta. La mamá de todos sus hijos (9) fui yo. La dueña de todos esos hijos".
"Ya no veo novela", comenta, "pero veo a Don Francisco, porque trae muchas cosas cosas nuevas y buenas para la juventud, para que aprenda. Anoche (el sábado 9 de septiembre) me acosté viendo una gemela. Es que tengo nietas gemelas..."
La Sra. Esperanza tiene 31 nietos, 74 biznietos y 6 tataranietos. Varios en Puerto Rico, Estados Unidos y Alemania.
A la Sra. Esperanza no le gusta estar cruzada de brazos, aunque el dolor en las coyunturas cuando el día está muy frío la molesta bastante, ella anda de aquí para allá buscando qué hacer, qué arreglar, si doblar ropa, si "echar unos trapitos en la tina", o dándose gusto comiendo. Es bastante golosa y "buen diente", según dijo. "Como de todo, aunque me haga daño. Cuando mi nieto trae aguacate yo le quito un pedacito y me hago una ensalada.
Eso sí, de madrugadora no tiene nada, dijo. "Cuando me levanto más temprano me levanto a las 9:00a.m. o 9:30 a.m.. Y va por su cafecito y avena.
De los tiempos actuales le gusta "que hay mucha educación, cosa que yo no la recibí, porque mi mamá no podía, pero mis hijos, mis nietos, mis biznietos y mis tataranietos sí lo están recibiendo".
"A mí me enseñaron a respetar todo, me enseñó mi mamá a cocinar, a ser una niña de mi hogar, a limpiarlo. Yo tuve restaurante en Boquete, con mi esposo".
A esto su nieta Kathia comenta: "hacía las sopas más ricas que he comido".
El consejo de esta jovial abuelita de 93 años a la juventud es: "que se porten bien y que aprendan para que no pasen trabajo". Y a padres y madres de familia, "que eduquen bien a sus hijos. Yo trabajé mucho después que tuve a mis hijos. Hay que trabajar y pensar en los hijos".


fecha edicion
old id
49127
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América