Cuando los españoles vinieron a estas tierras de América vinieron en busca de aventuras. Y esta tierra generosa les dijo de todo: oro, plata y muchas riquezas. Pero el mayor tesoro que encontraron aquí fue el maíz. En aquel tiempo, este grano maravilloso, que hoy en día se conoce en el mundo entero, se conocía únicamente en nuestras tierras.
Se cree que hace cerca de 7 mil años, el maíz no era como lo conocemos ahora. La mazorca no pasaba de los cinco centímetros de largo y apenas tenía unos cuantos granos pequeños. Los indios que habitaron las tierras de México y Guatemala lo cultivaron, lo cuidaron, lo cruzaron con otras variedades y lo fueron mejorando hasta conseguir el maíz como lo conocemos. Este trabajo les debe haber llevado muchos años de esfuerzos.
Lo más curioso es que la planta de la cual provino el maíz ya no existe. Los científicos no han podido encontrar ninguna planta silvestre que, cruzándola con otras, pueda producir maíz como lo conocemos ahora. Eso es un gran misterio.
Lo que los científicos no dudan ni por un momento, es que desde un principio el maíz necesitó el cuidado de las personas para poder vivir. Los granos de la mazorca se ahogarían al germinar si no son sacados de las hojas o tusas que los protegen. Sin el cuidado de las personas, el maíz habría llegado a desaparecer.
El maíz ha acompañado a los indios durante toda su vida. Por el maíz los indios cantan, por el maíz ríen, por el maíz lloran, por el maíz nacieron y por el maíz forman sus hogares.
El Pop Wuj, libro sagrado de los mayas, habla del origen del mundo y de la creación de la humanidad. Y cuenta que el corazón del Cielo-corazón de la Tierra, que es el nombre que los mayas le dan a Dios, utilizó el maíz en la formación del cuerpo humano.
Y en verdad que el maíz es un regalo del cielo. En muy poco tiempo la planta de maíz convierte la energía del Sol en alimento. Es una planta que se puede sembrar en lugares fríos, en lugares calientes, en lugares muy húmedos o en lugares muy secos. Y prospera tanto en la bajura como a 4 mil metros de altura. Hoy en día, el maíz que se produce en un año podría alimentar durante ese mismo tiempo a la tercera parte de la población del mundo.
Hay variedades de maíz que pueden tardar casi un año para dar cosecha. Pero hay otras que tardan apenas 3 meses. Y hay una que da cosecha a los 40 días. A esta variedad se le llama maíz cuarentón. Los indios sembraban esta variedad cuando el maíz comenzaba a escasear por malas cosechas, o porque se había atrasado la entrada de las lluvias.
Desde que el hombre blanco conoce el maíz ha hecho miles de experimentos y ha logrado sacar nuevas variedades. Sin embargo, esto no es nada en comparación con los experimentos, la paciencia, el cariño y el tiempo que los indios dedicaron a mejorar esta maravillosa planta.
El maíz es una planta que da mucho y por lo tanto exige mucho. El suelo de la milpa se agota si no se le da descanso o si no se le pone abono. Para evitar el agotamiento del suelo se recomienda cambiar de cultivo cada dos o tres años. Mientras tanto se puede sembrar maní o frijol, que son cultivos que ayudan a que la tierra se reponga rápidamente.
Los indios sabían que el maíz necesita alimento, que necesita abono. Para que las plantas nacieran bien, en el momento de la siembra muchos acostumbraban echar una o dos cabezas de pescado junto con el grano. Esto ayudaba a que las plantas crecieran, pues el pescado contiene mucho fósforo, potasio y otras sustancias que necesita el maíz.
Hoy en día existe una gran cantidad de variedades o clases de maíz. Hay granos de distintos colores: blanco, amarillo, rojizo, azul o morado. También hay plantas pequeñas y otras tan altas que hay que cosecharlas a caballo. Hay variedades de maíz que son resistentes a las enfermedades y otras que son resistentes a las plagas. Por ejemplo, algunas variedades producen una sustancia que mata a los gusanos que tratan de comerse sus hojas. Podríamos decir que producen sus propios insecticidas para defenderse de los gusanos.
Si no existiera el maíz, gran parte de la humanidad pasaría hambre. Pero además de servir de alimento, con el maíz se fabrican muchos productos: licor, chicha, harinas, azúcares, sirope, alcoholes que se usan en vez de gasolina, aceites de comer, alimentos para animales, barnices, removedores de pintura, pegamentos, betún o pasta para lustrar zapatos, tinta, lociones y otros productos más.