Variedades

Nuevo proyectil mortal


Fueron siete asaltos en una sola noche. Siete asaltos que comenzaron a las 6 de la tarde y terminaron a las 11. Fueron asaltos perpetrados contra comercios pequeños. Y en cada asalto el delincuente se llevó cierta cantidad de dinero.
El arma que empleó para atemorizar a sus víctimas no fue una impresionante metralleta, ni una granada de mano, ni siquiera un machete. Fue una jeringa. Una jeringa hipodérmica. "Tengo aquí sangre mía, contaminada con el virus del SIDA -decía el asaltante-. Déme el dinero de la caja o se la inyecto.
Hoy, sin duda, hay que agregar una nueva arma a las muchas armas mortales inventadas por el hombre. Desde el garrote de Caín hasta la más altamente desarrollada arma de tiro automático, el hombre no ha hecho más que inventar artefactos para matar. Ahora hay que agregar una nueva: la jeringa hipodérmica, llena de sangre infectada con el virus del SIDA.
Vivimos en un día en que la gente le tiene más miedo a una gota de sangre que a una bala de plomo. El SIDA es mortal, y basta una sola gota para que la enfermedad pase de una persona a otra.
De una bala uno puede curarse, de un machetazo también, pero una vez infectado con el virus del SIDA nadie escapa. La infame Lucrecia Borgia, del siglo XVI, se hubiera sentido feliz de tener entre su colección de venenos esta pócima moderna.
Dios no inventa los males que afligen y matan al hombre. Dios no es ni cruel, ni sádico ni vengativo. Al contrario, por boca del apóstol Pablo denuncia a los que son "inventores de males (Romanos 1:30).
Pero Dios ha hecho al mundo y al hombre en base a leyes inmutables, leyes físicas y morales. Y quien las viola, terca y obstinadamente, tiene que pagar las consecuencias.
El SIDA es, más que todo, resultado de la violación de la pureza sexual mandada por Dios. Por más vueltas y revueltas que le demos al asunto, no podemos evadir ese hecho. Aun los científicos lo confirman.
¿Cómo escapar a las consecuencias de la desobediencia? Cambiándola en obediencia. Algunas consecuencias de desobediencias pasadas serán trágicamente permanentes, pero la obediencia ofrecerá nuevos frutos.
Cristo se ofrece como el Salvador y Maestro. Nos ofrece sus sabias enseñanzas y suaves mandamientos. Cumpliéndolos, viviremos justa y confiadamente. Tenemos en l un gran Salvador. Démosle nuestra vida a Cristo.


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30835
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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