Nos lo confió. Quizás, través de “Hechuras“, Martanoemí Noriega realizó una fantasía, descubrir el poder transformador del fuego. Y, el arte que puede nacer de él.
Ahora ella mira con nuevos ojos al fuego, visto siempre como un elemento al que hay que tratar con mucho cuidado, casi con pinzas, al que, cuando se está en la niñez siempre acompaña un halo de misterio, de prohibido, la palabra ¡PELIGRO!
Esa invitación a alejarse del fuego, ahora ella la desoye y busca experimentar con él. Inicia una aventura que ni ella misma sabe cómo va a acabar. Aquí, el timonel lo lleva el fuego, con un cómplice, el viento y van logrando una metamorfosis. Nacen obras de arte con muchos destellos, que son una explosión de tonalidades del marrón y amarillo.
En la serie “Hechuras” utiliza materiales como aserrín, caracoles, cera derretida, espejos y madera carbonizada.
Explica que “el proceso de elaboración consistió en un constante juego de improvisación donde el azar y la experimentación material fueron protagonistas. Las piezas resultantes son un documento donde quedan registrados todas las sorpresas, los accidentes y los juegos que se fueron dando durante todo el proceso creativo”.
Vemos pues, que las lenguas de fuego han cumplido el sueño de Mayté y permiten al espectador apreciar un arte con un toque diferente.