Los invitados más rezagados todavía estaban apurando la última copa y los recién casados ya se habían retirado a sus aposentos. Entonces estalló el escándalo.
Apenas habían pasado 12 horas desde que los novios se prometieran amor eterno cuando el flamante esposo apareció y, con la voz trémula de agitación, anunció a quien quisiera escucharlo que repudiaba a su cónyuge porque no era virgen.
Roberto, de 33 años, se había casado el sábado con Cristina, de 30, en una iglesia de la ciudad siciliana de Licata, pero el matrimonio ya era historia en las primeras horas del domingo, cuando aún no había amanecido sobre la primera noche de su luna de miel.
El Corriere della Sera, que informó sobre el caso, dijo que los hermanos del ofuscado esposo hicieron lo posible por hacerle cambiar de criterio, pero no lo lograron.