Ramón Fonseca Mora en su novela "Ojitos de ángel" supo plasmar aspectos sociales y culturales de Panamá en esta narración de líneas puras y lenguaje cotidiano.
Este estilo de redacción, conciso y lineal, es un recurso que permite al lector adentrarse en la trama y comprometerlo con la experiencia vivida por sus personajes. Esta historia conmueve y moviliza ya que, en varios momentos, esta lectora hizo propios los planteos de don Julio.
A pesar de ser una historia narrada en Panamá, se adecua a la situación social y económica argentina: El colapso del sistema sanitario estatal, la falta de insumos, la vocación de servicio del personal sanitario y la indiferencia de sectores más acomodados.
A criterio de esta lectora, uno de los logros más acabados del autor es la transformación física y psicológica de los protagonistas. Mechi, a los ojos de don Julio, se presenta como un despojo humano para luego trascender -recuperando toda la dignidad humana- y convertirse en redentora y sanadora de almas.
A su vez, don Julio, "el viejo" del comienzo de la novela se transforma en "el hombre", recuperando la compasión y la empatía. Es notable el pasaje de la verborrea agresiva y colérica al silencio introspectivo del final.
Esta novela tiene múltiples lecturas y abarca distintos aspectos en conflicto de la cultura actual. Entre ellas, el consumismo exacerbado y la adicción como formas de completar vacíos de comunicación (interpersonal e interior). También se reconocen distintos niveles de conversación.