“Gocen su compromiso, están haciendo la arquitectura de la sociedad, de la vida. La educación es un trabajo precioso, de mucho compromiso. Pero se ha vuelto simplemente un oficio. Hay muchos educadores que se conforman con enseñar lo que el programa estipula. Los alumnos aprenden la regla de tres simple y la regla de tres inversa, o a multiplicar por tres cifras, pero no aprenden a multiplicar emociones, alegrías. Estamos formando autómatas”, dijo Javier González.
Añadió que “ahora, muy embelesados con la tecnología. Pero el cerebro no se está moviendo.
La pantalla da respuestas, pero no hace preguntas. Y eso es delicado.
Hay especialistas en escolarizar, pero no en educar”.
Le preocupa que se enfoque en la dirección equivocada, que cada vez se necesiten más cárceles.
Afirma que la educación compete a todos, porque, en cierta forma, todos educan para bien o mal con el ejemplo: “la maestra, madre de familia, el taxista, el que te cobra lo que es, un policía que no está buscando la coima, el que hace cine y película que sean formativas. Necesitamos presidentes y ministros educadores, financieros educadores, gente que vende en la tienda educadores.”