Sus obras están por todo el mundo, su temática favorita es la figura humana y Dios es la brújula que guía la vida de Olga Sinclair quien con su esposo Hans y sus hijas Natasha de 12 años y Suzanna de 10 conforman una familia que no escatima oportunidad para compartir. Datan treinta años ya desde que Olga Sinclair hizo su debut como pintora. Veinticinco desde la primera muestra individual.
A la fecha ella, una de las pintoras más famosas de Panamá, ha realizado 27 exposiciones individuales y más de 100 colectivas. Sus obras están por todo el mundo. La figura humana es su temática favorita, porque "siempre expresa la psiquis del hombre y es una forma de explorar el pensamiento humano".
A juicio de la pintora, quien fungió como Agregada Cultural de Panamá en Bolivia y ejerció la docencia en arte, la situación de la mujer en Panamá y el mundo ha mejorado tremendamente. Pero, expresó que en lo tocante a la desigualdad, "de una vez por todas, debe tomarse como un asunto cerrado, no deben recalcarla demasiado, nos daña la condición de desventaja".
"Es como llegar a una pelea en un ring y plantear su desventaja. Es un tema que hay que soslayarlo de una vez por todas", insistió. A Olga Sinclair le encanta leer, "es gratificante, sobre todo, leo de noche: Leo biografías, varios libros a la vez, novelas, bestsellers, libros de arte". Estuvo leyendo hace poco la biografía de Jackson Polo, Memorias de una Geisha y La Dama de Las Perlas.
Dios, su familia y la pintura son una trilogía que llena la vida de Olga Sinclair. Pero, aclara que aunque ama y le apasiona mucho su trabajo, no lo sobrepone a su familia y, por cierto, el espíritu cristiano y la devoción, que tanto se han perdido, la afección y el cariño, que son los que mueven el mundo, los coloca en la jerarquía correspondiente.
Para Olga Sinclair, quien planea una exhibición en Europa, en Italia, este año, "mis padres fueron mis mecenas porque ellos confiaban en mi talento y me apoyaban en todo". Aunque, añade, "muchas personas han sido ejemplos de vida para mí. Las cosas que he visto a lo largo de mi vida, de las que he aprendido y pienso que en un momento dado toda persona deja un sello en ti , hasta con las que por casualidad te cruzas en un ascensor".
Lo que menos hay que perder en el mundo es la fe y la esperanza. Estamos viviendo momentos críticos en la humanidad. Desde el holocausto judío, en la II Guerra Mundial pensaron que nada podría ser peor y ese holocausto se repite en muchísimas regiones.
Olga ha ejercido la docencia, pero, dice que tuvo que dejarla de lado, porque "la pintura es muy celosa, es jefe y al estar en esta disyuntiva preferí estar en la arena del arte", al que dedica seis horas cuatro veces a la semana. Antes era todos los días.
Esta pintora de fama internacional, conocedora de su talento pero a la vez humilde y sencilla, insta a cada individuo "a ser hombres y mujeres de fe y esperanza y a saber que Dios es nuestro apoyo y que sin Dios tu vida no es nada".