Los atletas que realizan entrenamientos fuertes temprano en la mañana pueden resultar más vulnerables a infecciones, de acuerdo a un nuevo estudio. Esto se debe a una reducción de las defensas contra bacterias y virus, causada por el ciclo natural del sistema inmunológico y multiplicada por los efectos del ejercicio.
La Dra. Lygeri Dimitriou, de la Universidad de Brunel en el Reino Unido, descubrió que los niveles de determinadas sustancias químicas corporales fuertemente asociadas con el sistema inmunológico varían dependiendo del momento del día.
Dimitriou estudió a 14 nadadores, todos hombres con una edad promedio de 18 años, quienes entrenaban con regularidad a las seis de la mañana, una hora normal para las prácticas de natación. Ella comprobó los niveles del cortisol, una hormona relacionada con el estrés, que se sabe que suprime la actividad inmunológica, y de otra sustancia química llamada IgA.
Esta última se encuentra en la saliva y en las secreciones nasales y constituye la "primera línea de defensa" contra los ataques bacteriales o virales. La investigadora llegó a la conclusión de que los niveles de cortisol son más altos temprano en la mañana, sin depender de que las personas hagan ejercicios o no. El entrenamiento, sin embargo, incrementa el cortisol.
Dimitriou también notó que la cantidad de IgA secretada es naturalmente menor por la mañana que por la tarde. Por estos motivos, los atletas que entrenan de mañana pueden ser más vulnerables, explica la investigadora. El efecto puede ser mayor si realizan ejercicios fuertes cuando se sienten flojos o poco después de haber estado enfermos o haber tenido un accidente.
Los atletas que entrenan a gran altitud también corren mayor riesgo. "Recomendaría que los deportistas eviten entrenar por la mañana en estas circunstancias, pero si alguien simplemente corre un poco, no se verá muy afectado", dijo Dimitriou a la BBC.