La consolidación de la familia y la protección social de la mujer, la niñez y la juventud, forman parte esencial de la agenda social de nuestro país, especialmente durante la década de los 90.
Ello obedece al reconocido deterioro de los niveles de vida de la población, luego de la crisis de finales de los 80 y la posteriormente los efectos que la invasión norteamericana tuvo en Panamá en 1989, que destruyó las bases mismas de la economía y la sociedad panameña, demandando esfuerzos extraordinarios para lograr la recuperación económico-social.
En este contexto, a partir del año 95, la Licenciada Dora Boyd de Pérez Balladares, tras ponderar la naturaleza de su Despacho y las condiciones sociales del país, reformula la tradicional gestión benéfico-asistencial que había caracterizado a esta entidad, a lo largo de la vida republicana, con poca incidencia política o participación electoral, lo que le dio un simple papel de voluntariado.
Hoy, tenemos una Primera Dama que preside y asesora el Gabinete Social, analizando integralmente los diferentes sectores que componen el sector social, con recomendaciones esenciales en la implementación de estrategias y políticas sociales.
Las autoras del presente artículo somos especialistas en gerencia social y entendemos, que la situación de pobreza es el escenario global en que actúa la acción social, y que sólo puede ser superada con la equitativa redistribución de los ingresos del país.
Ello exige la implementación de una política social científica, que promueva la participación local y la autogestión, como estrategias para el mejoramiento de la calidad de vida de las familias, lo que demanda poder, dirección y un liderazgo gerencial, que conduzca a proyectos de desarrollo, procesos científicos, técnicos o políticos con un sello especial de eficiencia, eficacia y mística, que los hará especialmente merecedores de reconocimiento y estímulo.
La reciente distinción a la Primera Dama de la República, Licenciada Dora Boyd de Pérez Balladares, asignándole la Orden al Mérito Manuel Amador Guerrero por sus obras sociales, se enmarca dentro de estos parámetros, valorando un modelo de gestión social y la eficiencia de un liderazgo femenino, sustentado en la visión moderna de la política social, que privilegia la acción social participativa, planificada, humana, superando los modelos asistenciales e introduciendo la promoción social como un derecho humano.
Los niveles de exigencia de este modelo son inmensos, nadie puede desconocer la dedicación con que la Primera Dama de nuestro país ha impulsado sus proyectos. Su peregrinaje en las áreas más apartadas del país, la ha hecho conocer de cerca la realidad de nuestra niñez, juventud y la situación en que viven las mujeres rurales e indígenas. El capacitarlas, elevar su autoestima y protagonismo, ha sido su meta.
Este proyecto de bienestar social, se abre paso en medio de fórmulas tradicionales, filantrópicas, que aún se mantienen en algunos de los programas del Despacho, debido a situaciones de emergencia nacional y exigencia de los organismos de cooperación internacional, pero lo cierto es, que hoy se asumen, como ejes renovadores, los principios de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Humano Sostenible, que promueven la equidad y la participación.
Es una opción dentro de un país subdesarrollado, con obstáculos estructurales para lograr el desarrollo social.
Por esto la condecoración a la Primera Dama es el reconocimiento a una modalidad de políticas social, que sienta un precedente en país y que debe nutrir el futuro de nuestra acción social.
En el año 1997, nuestro país tuvo el gran honor de ser la sede de la VII Conferencia de Esposas de Jefes de Estado y Gobierno. Fueron dos días de intensas deliberaciones, que culminaron con la formulación, presentación y exitosa ejecución de proyectos sociales, acogidas por los organismos internacionales. La calidad del evento colocó al Despacho de Primera Dama y a Doña Dorita, su conductora en el más alto nivel ejecutivo en materia de política social regional.
Con esta clara visión, la Primera Dama articuló un proyecto especialmente dirigido a atender las necesidades básicas de sectores sociales especialmente vulnerables, convencida de que el cambio social, sólo puede medirse en el mejoramiento del comportamiento humano y su calidad de vida, convocando a diversos sectores sociales del país con iniciativas públicas y privadas de humanización del desarrollo.
Este principio queda institucionalizado en el nuevo Ministerio de la Juventud, la Mujer, la Niñez y la Familia, ente coordinador de la política social, con presupuesto propio y una estructura técnica especializada en materia de desarrollo humano.
Una breve mirada a los proyectos que ha impulsado el Despacho, nos permite verificar que sus metas se asocian con la preparación de la población beneficiada, articulando tres ejes sustantivos que son: participación, autogestión y organización local.
Es un modelo renovado y oxigenado, desde el momento en que ofrece oportunidades de participación a sectores con interés común, creando las bases de futuras comunidades humanas autogestionarias, esto le ha dado prestigio y liderazgo regional.
Es justo valorar en los programas del Despacho, acciones de promoción organizativas como la Red de Municipios Siglo XXI, que capacita a las comunidades para su desarrollo local con el apoyo de las entidades gubernamentales, descentralizando los servicios sociales y otorgándoles oportunidades de control a los miembros de las comunidades.
La Formación de Conciencia Ciudadana y los Derechos Humanos en los Programas del Pacto por la Niñez Panameña, en los que miles de niños y niñas conocen los derechos y deberes de la niñez y experimentan prácticas democráticas que les forma para el ejercicio futuro de su ciudadanía, con responsabilidad y cultura política.
Podemos mencionar también la promoción de la Coordinadora de Mujeres Rurales e Indígenas, promocionada en 12 Foros de Mujeres Rurales, realizados a lo largo de todo el país y las comarcas indígenas, a través de los cuales las mujeres de la comunidad con sus propias liderezas, prepararon diagnósticos participativos y perfiles de proyectos para atender sus prioridades sociales como madres, trabajadoras y ciudadanas.