Muchas son las culturas que honran la memoria de sus difuntos colocando ofrendas de flores y estas tienen cierto simbolismo en este acto.
Todo parece indicar que el origen de dicha costumbre se remonta a la antigüedad, en la que los muertos eran puestos a exposición de todos durante varios días, con el propósito de ser velados y pedir por sus almas.

Por aquel entonces no existían las avanzadas técnicas de embalsamamiento y las que habían no estaban al alcance de todo el mundo, por lo que, los cuerpos (que solían estar expuestos a la intemperie) se descomponían y desprendían un olor desagradable, sobre todo en época de calor.
Para enmascarar ese hedor se quemaba incienso y se cubría al fallecido con todo tipo de flores, lo cual aromatizaba el ambiente y hacía más agradable el acto de velar al difunto.
Con el pasar de los años y el avance en las técnicas de embalsamamiento y para preservar por un mayor tiempo el cuerpo del difunto sin que se descompusiera, se quedó la costumbre de las flores, pero ahora se hace como una muestra de cariño hacia el muerto y sus dolientes.
En otros lugares del mundo y en Panamá se emplean también en los aniversarios de fallecidos y el 2 de noviembre, en donde se acostumbra llevar flores a las tumbas de personas que ya no están con nosotros.
Con el transcurrir de los años, la costumbre de llevar flores a los muertos perduró y se afianzó, no solo durante el tiempo de vela y entierro, sino también cuando se le extrañe.
En definitiva, podemos afirmar que los arreglos para honrar a difuntos y adornar ceremonias funerarias no son una tradición moderna. En cuanto a la disposición de los ramos, ofrendas egipcias más antiguas que se han hallado, parece que estaban compuestas por ramas de olivo, flor de loto, espigas de cereales y otras hojas de árboles, entre las que destacan las del árbol Perseo. Esta especie de árbol se extinguió.