Panamá tiene gente cálida. Muy linda. Estás en Panamá y te sientes como en Cuba, Veracruz, todo es muy parecido y finalmente, es Latinoamérica...la gente, la forma de vida... Aquí es más notorio este distanciamiento entre lo que es el Casco Viejo y la nueva metrópoli con sus rascacielos.
Así de impresionada quedó Flor Garfias, de Camerino 4, compañía de danza de México, con quien Panamá América dialogó previa a su presentación este viernes en el Teatro Nacional, como parte del IV Festival de Artes Escénicas que se celebra hasta el miércoles 24 de marzo.
Estaba en el camerino junto con su compañero de danza, desde hace tres años, Tlathui Maza, quien también participó en la tertulia.
No habían venido antes a Panamá. Y a ella, Flor, le encantó percatarse de que “en todo el mundo hay raza. Yo llego aquí y veo no sólo el Canal, sino que me he encontrado a otros de mi raza y eso es padrísimo”.
En la coreografía Chocolate que presentó el dueto el tema central es la incomunicación. Y he aquí que coinciden en que sigue siendo éste el talón de Aquiles, con todo y que vivimos en la era el jet, del internet, que nos permite saber qué ocurre en cualquier punto del planeta en cuestión de segundos.
Y a este par de jóvenes, de 23 ella y 24 años él, les llama la atención que seres racionales pequen precisamente de algo que se convierte en barrera, en freno para su propio desarrollo y autorrealización.
Esa brecha se debe en parte a juicio de la joven bailarina al hecho de que “principalmente hemos perdido la identidad de lo que somos, nuestra raíz. Hemos olvidado de dónde venimos y cuál es nuestra misión. Antes que seamos artistas, abogados, escritores, doctores, maestros...somos seres humanos y tenemos que aceptar y respetar al otro y es algo que no hacemos todo el tiempo”.
A la pareja de bailarines no le queda duda de que actividades como el FAE abren puertas, tienden puentes interculturales y ayudan al crecimiento social y quien quita que en el futuro hasta pueda hacerse como en Europa, donde el espectáculo de danza o teatral en vivo va acompañado de uno con hologramas, en 4ta dimensión, que Flor ha podido ver y que “está padrísimo”, pues “ves un actor real y otro no real”.