LA escritora peruana Rosina Valcárcel es rebelde por naturaleza. Es hija de un poeta peruano que tuvo que salir, con el equivalente a cinco dólares, en un barco con la esposa y los cuatro hijos para México, en busca de un terreno más calmado para los poetas.
En ese entonces, Rosina tenía cuatro años, pero sabía que eso no era normal. Nada normal el tener que dejar a los abuelos, los amigos, el barrio para salir en un medio de transporte que ella no conocía.
Una vez en México, su padre retomó su carrera de escritor. En pocos días, volvió a tener un hogar, parecido al que tenía en el Perú: un espacio con muchos libros y con reuniones frecuentes. Ese ambiente rodeado de cultura, de política y de artistas le dio el cimiento de la carrera que hoy la trae a Panamá, a participar en la Feria del Libro.
"En las casas que viví en México, siempre había bibliotecas con muchos libros. Más bien, creo que los libros fueron nuestros juguetes", comenta la poeta.
De los años que estuvo en la tierra de Octavio Paz, Rosina recuerda que ya en el primer colegio le gustaba la danza y la música. Las letras las escuchaba en forma de versos, que su papá leía para la familia. El padre, Gustavo Valcárcel, conoció en México a muchos escritores, entre ellos a los panameños Rogelio Sinán y a Elsie Alvarado de Ricord.
Cuando ella regresa al Perú (1956) con el nuevo gobierno democrático, termino la primaria, y allí se fue definiendo. En 1964, cuando entra a la Universidad de San Marcos (donde estudió Mario Vargas Llosa), logra la inclinación literaria cuando participa del grupo literario.
Ajustándose a la petición de su padre, inició la carrera de sociología. "El decía que el Perú necesitaba de sociólogos para cambiar a la gente y que si estudiaba literatura me iba a morir de hambre". Aquí las letras se impusieron cuando conoció al escritor José María Argüellas y le recomendó que la antropología, que está más cerca de la literatura.
Ella no tenía mucha dificultad para resultar ganadora de los concursos. En el colegio, antes de terminar su bachillerato, ganó un collar en un concurso literario. En la universidad alcanzó un segundo premio en un concurso de poesía, y como regalo la mandaron en un avión militar a conocer la ciudad de Buenos Aires. Fueron 14 horas de vuelo.
Durante muchos años, se desempeñó como profesora universitaria de antropología. También durante estos años, realizaba trabajos editoriales como corrección de obras, periodismo cultural.
Empero, sintió la necesidad de dedicarse por completo a las letras y pidió la cesantía para retomar el legado de su padre y la revista que había fundado hacía años.
"Si hubiese seguido en la universidad como antropóloga no me hubiese sido posible esto", dice señalando su obra útlimo libro "La mujer canta en medio del caos", que presentará durante los días que estará en Panamá. Un Panamá que la golpeó, pero no como se golpea a alguien que no se quiere, sino que la golpeó atrayéndola como "un imán". "Bien me hubiese podido ir con este pase para otros cinco países, pero decidí que era Panamá".
En México y el Perú uno de los problemas que tiene un escritor es encontrar la forma de publicar un trabajo sin tener que invertir tus ahorros. "Sobre todo, la gente de izquierda no tenemos muchas opciones de que le publiquen, uno tiene que abrirse su camino".
De Panamá, Rosina tiene muchos amigos, entre ellos están Moravia Ochoa, Manuel Orestes Nieto, Giovanna Benedeti y recién está conociendo a Benjamín Román.
Sobre las ferias del Libro en el Perú, Rosina comenta que se hacen dos, una internacional y una nacional, pero que son de tamaños medianos.
En cuanto a sus logros literarios, la poeta comenta que no está totalmente contenta aún. "Quiero nuevos registros, algo que sea provocador y que tenga ruptura".
Ha publicado cinco libros, el primero fue "La loca de la casa". El último "La mujer canta en medio del caos", publicado con sus ahorros.
De Panamá, le llama la atención la invasión de Estados Unidos en el año 1989. Y podría incluir algo de ese pasaje en sus próximos libros.
"Panamá me golpeó fuerte"
Ella lleva en su sangre algo de rebeldía, unas gotas de erotismo y un sentimiento casi panameño.