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A pesar de que los abogados de la tonadillera Isabel Pantoja recurrieron a todas las instancias y recursos posibles para que no pisara la cárcel, sucedió lo inevitable. Ayer, la intérprete de “Marinero de luces”, de 58 años, ingresó a la prisión sevillana de Alcalá de Guadaira para cumplir la condena de dos años por blanqueo de capitales.

La cantante, quien tras ser juzgada en 2012 recibió también una multa de 1,4 millones de dólares, fue declarada culpable de blanquear más de 2 millones de dólares del ayuntamiento de Marbella entre 2002 y 2003.
Pantoja salió temprano de su casa en Cantora. Lo hizo a bordo de un Mercedes clase A de color gris, que abandonó la finca a gran velocidad y con las luces largas encendidas, aunque eso no impidió que los reporteros gráficos, que esperaban en la puerta, captaran la imagen de la artista en el asiento trasero del auto. Su hermano Agustín viajaba como copiloto.
A la artista se le aplicará el procedimiento habitual en cualquier ingreso voluntario que pasa por la identificación, cacheo y registro. Se le abrirá un expediente en el que se incluirán sus huellas y varias fotografías. Inmediatamente se le explicarán los horarios y se le proporcionará el paquete básico: rollos de papel higiénico, pasta de dientes, cubiertos de plástico y un juego de sábanas.
A partir de su ingreso lo que ella necesite más allá de lo que la permitan meter, deberá comprarlo en el economato haciendo uso de su peculio semanal que no superará los 80 euros.