DISFRUTAR de la calma y gozar la vida sin la pesada carga del estrés es algo que merece papá. No tiene por qué dejarse abatir por las preocupaciones ni experimentar esa sensación de que la cabeza le va a estallar en cualquier momento. Tampoco tiene que soportar sufrir dolores de barriga, diarreas, estreñimiento, sudoración profusa o esa sensación de que hace mucho calor.
La Dra. Yadira Boyd, médica psiquiatra, al hablarnos sobre un enemigo de la salud, el estrés, menciona todos esos signos o señales de que algo no anda bien y otros más a los que nos referiremos luego.
Hace la salvedad de que el estrés afecta a personas de todas las edades, incluso a bebés.
Es importante que cada individuo conozca su organismo, para poder darse cuenta de las señales que da producto de cambios internos en su adaptación a alguna situación.
Hay estrés generado de afuera. Al inicio del escrito enumeramos algunos indicios de éste. También lo son experimentar intolerancia al frío, resequedad en la boca, taquicardia, angustia, aparición de rocetones en la cara o el cuerpo.
Hay algunos a los que se les manifiesta con orejas calientes, rubicundez facial o paralización temporal. Están los que lloran repentinamente o sufren un bloqueo que no es fingido. Otra señal de estrés que es igualmente desagradable es el insomnio, agresividad sin causa aparente.
En cuanto al estrés interno, la Dra. Boyd explica que éste ocurre cuando el organismo tiene una enfermedad o una infección (viral o bacteriana). La persona pareciera estar bien y tranquila, pero, se siente con toda una serie de síntomas. Estrés fisiológico es el nombre de esta condición.
Papá no está exento ni del uno ni del otro: ser el proveedor, atender los negocios, a la pareja y los reclamos de tiempo que le hacen los hijos y su familia de origen lo abruman.
Papá: ¡Tranquilo!
Irritabilidad, cansancio, dolor de cabeza, dolor de cuello, pesantez y otro tipo de dolores en el cuerpo, dolores que usted no es capaz de describir... son, sin duda, indicios de que el estrés está invadiendo su vida. ¡Anúlelo, antes de que él lo anule a usted!