Variedades

Para que la vida los aplauda

A ratos eres tú. Otras veces un niño frgil y temeroso que teme dar la cara desde que hirieron su ego.


PUENTES o murallas. Éxito o fracaso. Alegría o tristeza. Risas o lágrimas. Catapultar o sepultar. Cima o Sima.
Los términos mencionados indican opuestos. Pero, precisamente lo uno o lo otro es lo que se obtiene según lo que se siembre en la mente de un niño en edad de formación. Se le hace sentir que es un sol o se le condena a estar siempre en las sombras. A no atreverse siquiera a aceptar que tiene derecho a reír, a jugar, a soñar, a triunfar.
Lo enseñamos a quererse y sentir que puede, que tiene potencial, que es especial o lo hacemos opacarse, apocarse, sentir que no cuenta, que no importa, que no se le quiere, que es un cero a la izquierda.
Cada vez que abra la boca para dirigirse a un niño o cuando le haga un gesto, lo mire o lo toque, que haya amor y respeto hacia él. Esa debería ser una consigna. El niño tiene derecho a ser amado y bien valorado.
Es una necesidad básica. Existencial.
Los niños que son amados y bien tratados crecen felices. Se desarrollan plenamente. Se autodescubren. Brillan.
Los niños a los que se les humilla y se les trata peyorativamente, se les ultraja con palabras o acciones, crecen acomplejados, tristes, huraños, desconfiados, inseguros, resentidos. Con vacíos.
La psicóloga Celia Moreno tiene a menudo en su consultorio casos de adultos con complejo de patitos feos, porque rechazo, maltrato y ofensas eran el pan de cada día en su hogar cuando niños.
Mucha gente nunca supera los ataques contra su autoestima. Otras personas logran tener una vida normal. Está también el grupo que con terapia se va sobreponiendo y aprende a quererse y valorarse. Y a los demás. Y a perdonar.
Está, por ejemplo, el caso de adultos que ella atiende que relatan cómo eran golpeados cuando niños por sus padres o abuelos.
Otro de los pacientes le ha contado que en su niñez cuando venía con el uniforme sucio su madre lo hacía regresar al día siguiente con ese mismo uniforme a la escuela, para que "escarmentara" al ser el hazmerreír de sus compañeritos, que se burlaban de él y para que la maestra lo reprendiera.
Vemos también el caso de un gerente a quien su padre lo desnudaba y lo dejaba afuera de la casa para que los vecinos lo vieran.
Asimismo, el de otro paciente adulto, a quien cuando niño su abuelo lo colgaba con las piernas amarradas dentro de un pozo y lo dejaba con la cabeza muy cerca del agua.
A otro, el padre lo amarraba a la cama porque se portaba mal y allí lo dejaba por horas y excretaba.
Está otra que cuando niña fue violada por sus hermanos. "Cuando vino a verme, se quejaba de permanentes dolores de cabeza, migraña, no mostraba la cara, sólo miraba hacia el piso. Se sentía triste. Cuando comenzó a abrirse, cuando terminamos el caminar juntas, ella caminaba con la cabeza erguida, se pintaba y arreglaba. Tenía más cuidado de sí misma".
¡Eres maravillosa!
Enfatiza la psicóloga acerca de la importancia de reforzar los talentos de los niños, de aplaudirle los logros en vez de estar echándole en cara los errores o defectos.
Entre los elementos que causan una baja autoestima están:
  • Ridiculizar al niño, criticarlo, insultarlo

  • El abuso físico (especialmente el abuso sexual)

  • Comparar un niño con otro

  • No darle cariño y protección (no decirle que se les quiere o acariciarlo)

  • Ponerle motes, apodos o sobrenombres

  • La sobreprotección


Quizás se preguntarán, como lo hice yo ¿Por qué la sobreprotección?
La especialista en el estudio de la psiquis nos recordó que al sobreproteger al niño se le impide crecer, porque no se le deja descubrir sus propias capacidades. Es como un pajarito al que se le cortan las alas.
Quizás eres o conoces a alguien que haya pasado por experiencias durante su niñez que resquebrajaron su autoestima. Para sanar las heridas hay que buscar ayuda psicológica. De lo contrario, siempre las heridas sangrarán.
Los niños son muy perceptivos, sienten cuando las manifestaciones de amor y aceptación son auténticas y cuando son falsas; perciben cuando son rechazados.
Cuando dices algo hiriente a un niño, esto hace mella en la imagen que tiene de sí mismo y deja cicatrices permanentes.
Expresarle cariño al niño, darle reforzamiento positivo, destacarle sus cualidades es lo que se debe hacer para fortalecer el concepto que de sí mismo tiene el niño. Es decir, su autoestima.
Importante es tener presente que él se ve a través de nuestros ojos, de los ojos del adulto.
Se le debe ayudar, para que descubra sus habilidades. Hacer que explore diferentes aptitudes, para que descubra sus fortalezas.
La Dra. Moreno nos dice que hay que dejarlo que se autodescubra. Motivarlo a que pinte, dibuje, declame, cante, baile, practique deportes, natación, tocar instrumentos musicales, para que vaya descubriendo en qué es hábil.
El padre debe estar atento para ver en qué inteligencia se destaca. Y permitirle hablar de las emociones. Porque expresar emociones es aceptarse uno. Aceptar todo su mundo. Cuando uno se avergüenza de una parte de sí mismo esto contribuye a su autoestima.
Se debe practicar la empatía con otros niños.
También es recomendable establecer una disciplina de amor. Practicar con el niño el elogio y la premiación. En vez de descalificarlo o ridiculizarlo, premiarlo por sus logros: ponerle una estrellita en la frente o una carita feliz, darle algo que le guste (un dulce, un regalito, un helado) llevarlo al cine, al parque, etc.
Lo que es más, a veces un reconocimiento verbal suele bastar. ¡Bravo, mi capeón, te lavaste las manitos!"


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291138
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América