Los problemas sociales no se solucionan con una varita mágica, más bien con el aporte de todos los sectores. Se necesita buena voluntad, sí. Pero, también visión, planificación, trabajo en equipo y capacidad de adaptación o flexibilidad. De esta manera, el cambio social deja de ser una quimera o una tarea de Hércules.
El Dr. Nelson I. Colón Tarrats, Presidente de la Fundación Comunitaria de Puerto Rico y Director del Consorcio para el Desarrollo Económico Comunitario, conversó sobre sus experiencias en distintas naciones de América Latina y en los Estados Unidos, en el desarrollo de proyectos donde la comunidad genera sus recursos, desarrolla sus estrategias para lograr mejorar sus condiciones de vida. Acciones en que las ONGs juegan un papel preponderante, pero en que se alían con otros protagonistas sociales para que el producto beneficie a todos y se produzca un cambio de mentalidad, conducta y no algo pasajero.
"El desarrollo de la comunidad es algo demasiado importante para dejárselo a los desarrolladores de la comunidad", planteó.
Analizó que antes en una nación el gobierno y las Organizaciones No Gubernamentales, ONGs, competían. Hoy día hay que buscar la complementación, pues aglutinar recursos y esfuerzos intersectoriales e interdisciplinarios es el gran reto del que hay que salir airoso para lograr resultados a favor de la comunidad.
El especialista en desarrollo comunitario planteó que con el cambio de paradigmas, es importante atar la inversión al desarrollo social. Hay que hacer algo a cambio de la inversión de ONGs o del propio gobierno en proyectos comunitarios. Nada de seguir pensando en recibir donativos sin ver resultados positivos o rendimiento de esta inversión.
En el caso de las ONGs reflexionó sobre el hecho de que por lo general éstas tienen limitada capacidad de respuesta, producto de que tienen recursos económicos limitados. Pero, sin embargo, puntualizó, "poseen una capacidad extraordinaria para desarrollar los talentos y capacidades de la gente". Superan en ello al gobierno y al sector privado.
Es importante, en ese sentido, añadió, tener presente que en la segunda revolución informática la gente de las comunidades pudieran estarse quedando atrás. Le preocupa este "desfase de la relación entre la gente que únicamente lee libros y la gente que tiene medios ". Por cuanto es imperante organizarse para ayudar a hacer accesible a más gente estos medios electrónicos de comunicación y acceso a la información y conocimiento de toda índole.
También habló del perfil de ONGs exitosas: aquéllas que generan resultados de su inversión, donde hay transparencia porque su proceso operativo es visible y contable para todo el mundo y que son sólidamente administradas.
Insistió en que hay que poner un alto a este esperar que las cosas se den como una dádiva. Está bueno ya el subestimar a la gente y mal acostumbrarla a mantenerse pasiva. La gente tiene potencial. La gente quiere cambios y participar en estos cambios en su favor, aportando ideas, hablando de sus necesidades y de cómo solucionarlas.
Hay, pues, que revalorizar a la gente como fuente de ideas, recursos, conocimientos. Como individuos con necesidades sí, pero también con imaginación, iniciativa, capacidad de autogestión, deseos de hacer cosas para mejorar sus condiciones de vida. Como propulsores y propulsoras de agente de cambio. La comunicación, el intercambio de ideas, los aportes deben fomentarse.
Ahora bien, nadie sobra siempre y cuando desee aportar para el beneficio común, porque, a la larga, cuando el desarrollo ha sido producto de la participación social, la satisfacción es general y los frutos los cosechan todos/as. Esto sí, de ninguna manera el parasitismo tiene cabida.
Este reenfoque nos coloca no frente al servicio compasivo, sino al obligante autocuestonamiento ¿yo, qué puedo dar para beneficio de todos, para que haya un incremento en la calidad de vida? Y a darlo, por convicción, sin presiones, con buena voluntad.