Variedades

Pasajes a otro mundo

Hace 30 años vendió su escuela de arte en Cali para comprar el pasaje para París, donde vive de su arte.


Sencillo, optimista, místico, talentoso y modesto, tranquilo, que inspira confianza y emana luz, como su refrescante obra, así es Homero Aguilar, quien se declara felizmente casado con la pintura.

Dedica todo el día a pintar, desde las nueve hasta el ocaso, porque pinta con luz natural sus luminosos cuadros, donde abundan las ventanas, espejos, amplios espacios para que la vista se recree y la imaginación vuele y corra a su antojo, hasta toparse con los otros pocos, pero selectos objetos de arte o de otra índole, que con exquisita gracia coloca en estratégicos puntos dentro de la obra. Por ejemplo, una Venus de Milo, una rosa, una copa de vino...

Homero Aguilar, de 54 años, presentará más de 40 óleos en Panamá durante casi un mes. Primero, desde este jueves 29 de mayo hasta el 3 de junio en el museo Antropológico Reina Torres de Araúz (MARTA) y desde 4 de junio, en el City Club.

 

It’s Art Gallery junto con el Instituto Nacional de Cultura trajeron este artista al país.

Su talento.
Desde que tenía 10 años pinta. Viene de una familia de artistas. Un tío por la línea materna es pintor y escultor. Tiene un primo pintor y otro escultor.

Hijo de Ulpiano Aguilar, un campesino que trabajaba como mesero para criar a sus nueve hijos junto a su esposa Leonor, Homero era profesor de arte en Cali.

 

"Papá nos enseñó a ser hombres derechos: a no robar, no engañar, no mentir, ser trabajador y honestos", dijo orgulloso de su progenitor.

Tan pronto como vendió sus primeros cuadros, en Cali, le compró una casita con un jardincito. Luego, cuando vendió más obras, "le compré una finca, con patos, perros, donde como buen campesino pudo darse gusto y con su machete cortar y sembrar...".

Homero era feliz viendo a su familia feliz y ayudaba a todo el que podía, hasta que "cuando papá falleció la vida se me acabó. Por un tiempo la imaginación se me acabó. Vendí la academia y compré un pasaje para París, la meca de los artistas".

 

A raíz de que escuchó a su sobrinito decir: "que brille para mi abuelo la luz eterna", Homero volvió a inspirarse y pudo, otra vez, pintar. Pintó un cuadro que dedicó a su padre y que es muy especial para él. Es un cuadro que aparece en la portada de la invitación a la exposición de este jueves 29 de mayo en el MARTA. Desde entonces ha pintado más de 500 obras, donde predomina el azul, que es su color favorito, porque "es el color de la tranquilidad, del cielo... del infinito".

Su pintura, donde no hay paisajes, para permitir al espectador que se adueñe de ese espacio, no transmite mensajes, porque opina que "uno no está para trasmitir mensajes, yo transmito emociones".

Juega con la luz y sombra, con formas geométricas, con espejos.

 

"Deseo que la gente atraviese el espejo por medio de la obra" y que vea más allá, del otro lado, "otros espacios, otros universos, otros mundos perdidos", pues él piensa "que hay una vida más allá. Lo único que quienes pueblan esos mundos vibran a otra intensidad, diferente a nosotros".

Su ídolo es María Callas, como mujer y como artista, "porque consagró su vida de mujer al arte de la ópera. Por eso, es que le dicen ‘La divina’. Nos enseña que un artista para seguir adelante necesita tener disciplina".


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387123
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América