Panamá tiene sabor a ciruela traqueadora, a pelusita de guaba y a guayabita madura. Para el hambre que quema las tripas, no basta con un bollo preñado de carne, se requiere una orden de chow mein de pollo panameño.
Patria es el peso de los tembleques sobre la cabeza y el vuelo de la zaraza abanicando los pies. Es el meneo sensual de "soba que soba y soba, Mariana" y el sereno silbido de la flauta de un kuna.
Tanto rogar por alcanzar el paraíso y lo tenemos a la vuelta - 365 islas sin tráfico, ni vidrios ahumados, ni televisión. En San Blas, es fácil encontrar nuestra soñada isla desierta y percibir los olores de este hueco del planeta. Huele a pescado, a aceite de coco, a cuerpo al sol, a agua salada.
Panamá sabe a jugo de naranja con raspadura y a pixbae recién salido de la olla. Suena a "Mami tas buena" - "bien cuidao" y "un real de menta por favor".
Panamá es pedazos de la vida de millones de personas, los que nos quedamos, los que nos fuimos y los que sólo vinimos de paso. Es el calor que te despierta sudando de la siesta y el aguacero que te arruina el uniforme del 3 de noviembre.
Panamá es vivir con la danza del mar bajo tus pies y con el olor del fogón llamándote cual canto de sirena. Panamá es luz, fogaje y pereza.
Para sobijar las penas y humedecer las alegrías está el seco. Para bailar bajo el sol del mediodía sin morir en el intento, están los culecos y para ahorrar sin darse cuenta, esta el club de mercancía.
Panamá es pequeño, larguito y angosto, una tripita apenas. Es el cordón umbilical sin el cual Las Américas no sería una sino dos.
Es tan chiquito que ir de un café del Casco Viejo a bailar en el sofoco del Cosita Buena toma unos minutos en una noche clara y de abuelitas recogidas.
Panamá en Navidad sabe a saril, en Semana Santa a pan bon y en patronales a puerco frito.
Aún con sus ricos sabores, de vez en cuando nos da por "revolver la mirada y sentir espanto" ante la solución que nunca llega y el conformismo que no mueve nada. Los flojos nos quedamos en la quejadera y los sabios usamos la palabra "salao" solo para pedir la golosina roja en la tienda del chino.
"Panamá por Dios privilegiada, Él te hizo centro del mundo y todas las razas", cantamos los fieles feligreses en la iglesia. Otros preferimos el "playa, brisa y mar es lo más lindo de la tierra mía" y algunos bailamos la patria con el bum bum del reggae. Pero todos estamos de acuerdo con aquello de que "patria son tantas cosas bellas".