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Patrocinadores recibirán solamente las gracias


A pesar que hay quienes aún no encuentran los beneficios reales e inmediatos de la realización del Miss Universo en el Istmo Centroamericano, Olga Dreyffus, de la Comisión de mercadeo del certamen en Panamá opinó que lo "veamos como una ventana al mundo de lo que nuestro país, puede ofrecer en materia turística, infraestructura y negocios. Ya es tiempo que nos conozcan".
Recordó que en el día de la coronación, Panamá en su conjunto de tradiciones, gente y cultura, llegará a más de 80 países alrededor del mundo en un tiempo aire de 9 minutos, siendo un apescto sumamente importante para que otras personas en otras latitudes descubran más de este pequeño país, pero rico en bondades. Generalmente los turistas que "nos visitan piensa que Panamá es el Canal y la figura de nuestro boxeador Roberto "Manos de Piedra" Durán, sin embargo tenemos tanto que explotar y este evento se presta para este menester".
Adelantó que una empresaria española bajo el sello de Zapatos Cosdan, donò unos 150 pares de zapatos para que las misses en los pròximos días caminen cómodas y confortables.
Dreyffus, aprovechò para expresar su agradecimiento a los medios de comunicación impresos que como uno de los primeros patrocinadores han aportado de sobre manera su granito de arena ya que al final solamente reciben las gracias por su aporte desinteresado al Miss Universo.
El vehículo literalmente patina de repente de un lado a otro y casi al minuto se hunde. "Estamos atascados", manifestamos en coro. Cuatro de la tarde, una lluvia torrencial, un auto cubierto por el fango, el tenebroso zumbido que penetra los oídos cuando se está en los campos en la víspera de la noche, los mosquitos diciendo presente a los huéspedes y un camino solitario, todo nuestro. Con eso contábamos.
222 Ponen a diario su mejor esfuerzo por hacer producir las tierras en las que habitan, pero éstas no siempre dicen sí al intento. La región luce desolada y árida.
Nadie subía ni bajaba. Los intentos por liberar el carro eran infructuosos. El pánico cundía con el pasar de los minutos, pero aún no mortificaba. Un equipo que recibía instrucciones precisas vencía poco a poco al lodo espeso. La experiencia del conductor se alzó finalmente ante la adversidad. Eran ya las 6:00 p.m. Para los lugareños el cuadro no dista de lo cotidiano por estos lares. "Imagínese que acá eso pasa a menudo".
El arroz, maíz, café, la yuca y hasta el ganado, son vendidos a un precio más bajo "porque la gente se arriesga por estos caminos". Cero ganancias, de eso se trata. Y es que lo sembrado en la mayoría de los casos, apenas es lo suficiente como para el consumo propio. Con familias de ocho, nueve y más miembros la cosecha se queda en los fogones que humean todo el día. Las ollas no guardan proporción con su contenido. Son grandes pero casi vacías.
En los hogares indígenas es notoria la presencia de las figuras paterna y materna . Las uniones son bien fundamentadas y ambos contribuyen en la economía, cada uno a su manera. La mujer sale a trabajar la tierra a la par del hombre, cuando se puede o dicho de otra forma, cuando alguno de los niños ha crecido y puede hacerse responsable del resto de sus hermanos. Siembran para vivir y ello significa a cualquier costo. Los parajes desolados, ausentes del más mínimo rastro de vegetación son la nota característica.
Para el doctor del Centro de Salud de Buenos Aires, Barry Arce, las quemas "van a acabar con estos pueblos". "Recientemente hubo que correr a sofocar un incendio que casi avanza hasta la comunidad", recordó.
A ello se añade el ingrediente salud. La devastación de los terrenos mantiene a los moradores con problemas respiratorios constantes, señaló el galeno. Pero, esas tierras parecen haber sucumbido ante el deseo imperante de ser sembradas. El fuego las mató.
Adán Barría, residente en El Cobrizo, lo entiende de esta forma "las tierras no son buenas para producir. Es por eso que lo que más se consume es yuca". A pesar de la intervención de la Autoridad Nacional del Ambiente, la situación parece no mejorar. Desde los puntos más altos de los caminos comarcales se aprecian llanuras nubladas. El humo se apoderó de ellas.
En la larga lista de carencias que enfrentan los indígenas un aspecto adicional se ha convertido en atenuante. Y es que por tratarse de un área montañosa, no podía faltar. Los vientos "huracanados" como los han calificado los lugareños son el terror de la comarca. Lo sembrado y hasta lo cosechado ha sufrido los estragos climáticos de las últimas semanas.
"Hemos perdido todo por las brisas que han soplado... hasta las casas se nos han mojado", manifestó evidentemente preocupado Pacífico Sibala, residente en la comunidad de Batata. Febrero, marzo y abril son los "meses duros", como dijo Sibala. Llueve a diario y resulta imposible sembrar "al menos la yuca que es lo que más se come por acá".
Julio Cire y sus cuatro hijos atravesaron una situación similar hace poco. César y Adán, de 9 y 11 años, respectivamente, perdieron sus libros cuando un fuerte aguacero sacudió su casa en Guayabito.
Tenían sembrado café, maíz y arroz, todo se perdió. Con lo poco que logró salvarse están sobreviviendo... pero ya se está agotando. En Alto Galera han experimentado también los embates del clima. Aníbal Monteczuma se mudó a Virotal por unos días hasta que pudo levantar nuevamente un sitio donde vivir. "Había llovido por varios días y perdimos todo lo que habíamos sembrado unos meses antes. El maíz, el arroz... todo".
Allá no se construye con cemento. El barro y las hojas de zinc sirven de paliativos. Son indispensables si se piensa edificar una morada. Termina por ser un lugar de resguardo, sin las mínimas condiciones de seguridad, pero habitable. Con eso se conforman.
Sin embargo, los fuertes vientos no conocen de "habitable". Y al cabo de un par de lluvias todo está en el suelo. Esas frágiles edificaciones ceden y se derrumban y con ellas cae también lo único de lo que disponen, "su única propiedad".
Luis Degracia, su esposa y sus ocho hijos saben muy bien de qué se trata. "Dos veces el viento y las lluvias nos han tumbado nuestra choza. He tenido que volverla a construir y hemos perdido también el arroz porque llueve mucho, el maíz y otras cosas por ahí".
Este año contaron con mejor suerte. A la fecha, al menos en ese sector, no ha llovido como de costumbre y "si Dios nos lo permite podremos cosechar lo que sembramos para tener algo en el plato siquiera una vez al día", sonríe con un tono esperanzador que no se ha perdido por aquellos rumbos.


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119652
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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