Es normal que toda persona tenga duelo durante el transcurso de su vida, entendido como el "proceso emocional, psicológico, fisiológico y social que vive una persona cuando enfrenta una pérdida".
De acuerdo con la psicóloga Jakeline Herrera, de la Fundación Piero Rafael Martínez, hay una gran variedad de pérdidas que hacen que la persona pase por un período de duelo, cuya duración varía de individuo a individuo.
Ella mencionó diferentes tipos de pérdidas. Así vemos que hay pérdidas en el sentido de objetos: como por ejemplo la casa se quemó, el carro se lo quitó el banco, le robaron la cartera y tarjetas de crédito, perdió algunas prendas o una foto de algún ser querido ya ausente, etc.
También están las pérdidas relacionales: separación del novio, divorcio, un niño que nunca conoció a su padre.
Igualmente, las pérdidas físicas y mentales: Cuando envejezco (pérdida de la memoria, la vista, la capacidad para caminar), cuando alguien se enferma, cuando un hombre empieza a sentirse inseguro acerca de su virilidad ( y se compra un carro o busca una amante para reafirmar su autoestima), cuando alguien sufre un accidente y se merman sus capacidades y pierde independencia.
De acuerdo con la especialista no solamente perdemos cosas que teníamos, podemos perder cosas que deseábamos tener: aumento de salario, un sueño, objetivos, metas. Por eso es que en determinado momento de la vida casi siempre después de los 40 años, hay personas que al revisar su vida se sienten como en un callejón sin salida, que las presiones las abruman y que los grandes planes que tenían en su vida no los lograron.
Cuando hablamos de pérdida física de un ser querido por muerte hay que comprender que ésta es la pérdida más devastadora. "Nada absolutamente podemos hacer para remediarlo. No vamos a poder verlo más, ni traerlo a la vida...se perdieron sueños, metas, planes con esa persona".
Según explicó la psicóloga, la manera como las personas enfrentan las pérdidas dependerá de si se han preparado o no para éstas, si aceptan el cambio como parte de la vida y esto guarda estrecha relación con la forma en que durante la niñez se les enseñó a elaborar el duelo. De allí que mientras unas personas se sumen en la depresión, otras en la drogadicción, las hay que sufren y exteriorizan su dolor, pero, paulatinamente van aceptando la pérdida y recuperando el interés por continuar viviendo, sin que eso quiera decir que hayan olvidado lo que perdieron. Más bien, no se aferran al pasado.