Cierre los ojos un momento y visualícese en un velero. En un día maravilloso se deja llevar por el vaivén de las olas, sintiendo cómo el viento acaricia su piel y cómo el sol abraza su cuerpo. Delicioso... ¿verdad?
Pero despierte ahora. Desafortunadamente no todos podemos hacer de una experiencia como ésta, una realidad. Tanto menos si ésta implica el tener que dejar de trabajar.
Sin embargo, hay a quienes la vida les ha brindado una amplia sonrisa, al punto que no tienen la preocupación de ir a buscar el sustento diario.
Uno de estos afortunados es el italiano Marco Benagli, quien hace dos años se despidió de sus amigos y parientes para embarcarse en el velero catamarán “Diva”, con la dulce ilusión de darle la vuelta al mundo.
Con 40 años, de los cuales 4 lleva casado con una francesa quien es la propulsora de sus sueños; “Laura” ha acompañado y “con justa razón”, a este guapísimo ejemplar masculino en gran parte de su travesía.
Romano, con cuerpo atlético y ojos y cabellos castaños tan radiantes como el sol, y con una mirada y sonrisa tan dulces como la miel, Marco parece un modelo sacado de la portada de una revista.
Después de 20 años de estar en el mar como militar, como profesión y como negocio, y aunque anteriormente ya había tenido otros barcos, se compró este velero con el propósito de navegar “muy lejos”, partiendo de la isla de Sardinia, en Italia.
“Diva” es un velero catamarán francés de 65 pies de largo y con un mástil de 20 metros de alto. Ofrece todas las comodidades de una casa.
Y es que dentro de él, igual se encuentran una lavadora y dos teléfonos, hasta una máquina para procesar el agua salada y obtener agua dulce.
“Lo único que no tiene, y porque no me gusta, es la televisión”, comenta Marco con mucho orgullo. “Yo no me como todo eso que vende la pantalla”.
Y contrario a otras personas, el tiempo es lo que menos le preocupa a este navegante. Su programa igual puede durar cuatro, que cinco años.
“De encontrar un lugar que me guste, me quedo. Planeo como próximo negocio construir un hotel en una isla o a orillas del mar. Obviamente el barco es para mí la mejor manera de encontrar el lugar indicado”.
De seguro se preguntará que hace este hombre para sobrevivir. Pues simplemente vive de sus negocios, de los que se ocupa a larga distancia y en viajes ocasionales.
“No necesito ir a la oficina a las nueve de la mañana. Antes sí trabajé mucho, pero siempre de forma independiente”.
Según Marco Benagli hoy no tiene una profesión fija. Cuenta que antes la tenía, dedicándose a importar y exportar equipos electrónicos en Italia. Actualmente se maneja en el negocio de bienes raíces.
Contrario a lo que pensábamos, Marco dice que en Europa es muy común que los hombres tengan barcos y se vayan lejos. Asegura que es normal encontrarse con europeos que paran de trabajar o se retiran al menos un año para lanzarse al mar.
La explicación del navegante es que “no hay mejor inversión que comprar un boleto de avión para incrementar la cultura y tener una visión más amplia. En un barco es una manera de hacerlo más cómodamente”.
Pero de seguro también se preguntarán, qué hace que un hombre joven, apuesto y con familia, decida perderse en la inmensidad del mar. Pues sencillamente su pasión por él.
Y es como él mismo lo dice, hay gente que se gasta todo el dinero que tiene comprándose un carro porque es su pasión, la suya es navegar, pescar, bucear. Todo lo que tiene que ver con el mar.
Con un espléndido brillo en los ojos, Marco recordó su niñez. Esa vida le encantaba desde que era niño. Cuando era pequeño vivía en una casa junto al mar y no perdía oportunidad para estar con los pescadores.
“Empecé a navegar en un velerito, luego en uno más grande. Es una pasión que nació allí y aún no se me quita, es como una enfermedad que no se cura”.
Y así como afortunado ha sido para lograr sus deseos, la vida lo ha coronado también dándole a una compañera que comparte su sueños.
Su amada “Laura” comprende perfectamente la pasión de su esposo y no titubea para acompañarlo cada vez que puede. De hecho navegó con él desde el punto de partida, hasta la Isla de San Martín en el Mar Caribe.
Reflejando en su rostro a un hombre muy enamorado, Marco advierte que no es una historia de amor complicada, simplemente eran dos solitarios que se encontraron y que están muy unidos ahora.
En cuanto a la vida en el mar, Marco narra que cuando se navega, no hay algo bueno en particular que pueda pasar y que te haga feliz, sino que son momentos en que se crea un ambiente.
“Son momentos que igual pueden durar 20 minutos que 20 días, y sumados al buen tiempo, la buena comida y la buena compañía, el mar se convierte en un lugar maravilloso”.