Variedades

Perdón por olvidar que estás vivo

Somos cómodos. Pecamos aunque sabemos lo que es malo y lo que es bueno. Racionalizamos. Nos escudamos en "es que somos imperfectos". Y decimos que nos arrepentimos. Dios sabe hasta qué punto obras y palabras están divorciadas. Cuando llegue el tiempo de saldar cuentas cada uno sabrá cómo está ante el Juez Supremo.


ABSTINENCIA, sacrificio, cambio de conducta deben ir de la mano para ganar la Gracia Divina.
Su presencia se nos manifiesta cotidianamente de mil maneras, pero como bien lo dice el refrán "no hay peor ciego que el que no quiere ve", a lo que añadimos "ni peor sordo que el que no quiere escuchar". Aunque está escrito en La Biblia lo que se espera de nosotros. Aunque a través de Moisés nos hizo saber el Hacedor Supremo su voluntad y mandatos y luego el mejor intermediario ante Él, su hijo Jesucristo de mil y una forma, hasta con parábolas lo hizo público. Seguimos haciendo la voluntad nuestra. "Humanos somos", y "errar es de humanos", insistimos. Pero, seguimos haciendo más pesada la carga de culpas que no aceptamos y seguimos atribulando a nuestro Padre Supremo, cuya misericordia es muy grande. Pero, cuidado, su paciencia tiene un límite.
Así anda la humanidad. Sin lazarillo, a su libre albedrío, amiga de lo que debe ser enemiga. Equivocada. Dando traspiés. Ufanándose de cosas banales y olvidando cuál es su misión. Desdeñando lo que no brilla y viendo luminarias donde sólo hay sombras.
Momentos hay para todo. Hace rato las señales están dadas: se amerita una metamorfosis de la humanidad. Interior, que penetremos en los aposentos del alma y el corazón, que nos esforcemos por alumbrar el entendimiento respecto de lo que es menester que cada uno haga para mejorar el mundo y la relación con nuestros congéneres; con lo cual, de paso, se abre un canal directo de comunicación con nuestro Padre Celestial: quien sufre por nuestra inconsciencia en el actuar, quien todo lo sabe, todo lo ve y todo lo anota. Pero el cual, igualmente, es dadivoso y capaz de perdonarnos, al punto de que Jesús lavó nuestros pecados otrora y aún el Padre Suyo y Nuestro, Dios, nos sigue extendiendo un voto de confianza. Ahora bien, ciertamente que somos afortunados porque Dios no es un Dios castigador, pero tampoco que acepte que su más grande obra se eche a perder por decisión propia, de una humanidad que es cada vez más inhumana y se cree irreductible, es prepotente e irreverente: entroniza líderes de barro, pisotea los principios y valores fundamentales (permite que se los lleve el viento como hojas que sacude de aquí para allá sin que a nadie le importe), el dolor del prójimo no quebranta su corazón. Una humanidad donde abundan quienes todavía piensan que "rezar es cosa de niños" o "es tiempo perdido". Y, al no dar cabida en su vida a la oración, a la meditación, son como títeres que aunque ahora rían les llegará el tiempo de vertir lágrimas. Entonces... será tarde.

 


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223401
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América