LUEGO DE tantos afanes, llegó el ansiado día de la graduación para el estudioso jovencito que se prometió ser doctor. Fue así como en el Aula Máxima de la Northwestern University, para orgullo propio y de su progenitora (Doña Silvia Díaz de Boyd), Benjamín Franklin Boyd Díaz se tituló de Médico Oftalmólogo. Retornó a Panamá a hacer su internado en el Hospital Gorgas, gracias a recomendación del doctor Jaime De la Guardia, fundador de la Clínica San Fernando.
"El internado de un médico, forzando un poco la comparación, es similar a una condena de trabajos
forzados. La gran diferencia es que los doctores se someten al internado con toda la voluntad de su mente y con toda la energía de su cuerpo", comenta Ernesto Endara, quien sigue relatando las horas de sacrificio de "Benji", en aras de atrapar su más caro anhelo.
"El Dr Boyd cumplió con su deber. Pasó por todos los servicios. Encontró muy interesantes la Cardiología, las enfermedades pulmonares, la Psiquiatría, la Pediatría, la Gastroenterología y por supuesto, la Oftalmología, que él solía llamar "la niña de mis ojos". Sin embargo, el mes de experiencia que debió pasar en la sala de urgencias fue verdaderamente traumático, particularmente los sábados en la noche, cuando se multiplicaban los pacientes de accidentes, peleas, etc.
Perduraría en su memoria lo maltrecho que puede quedar el cuerpo humano, desfigurado por accidentes de automóvil. Jóvenes cuyos cerebros no volverían jamás a funcionar en forma normal por severos golpes sufridos en la cabeza al chocar a gran velocidad contra el vidrio delantero".
"Los traumas y cortadas en los párpados y hasta en el mismo ojo lo impresionaron mucho, pues un ojo dañado por un fuerte impacto, ya sea perforante o no perforante, resulta en hemorragia dentro de los ojos, muchas de estas hemorragias y golpes afectan la retina, la cual se desprende y aunque más tarde se pueda reparar, la recuperación visual nunca es completa".
Ernesto Endara continúa su relato sobre la vida y obra del Dr. Benjamín F. Boyd.
Hace énfasis en cómo "ya desde la Northwestern University de Chicago, Benji había quedado fascinado por el misterio de la vista" y he allí que por ésta y otras razones el joven optó por especializarse en Oftalmología lo que implicó estar tres años más en el Hospital Gorgas. A ello dedicó "todas sus energías, sus afanes y su inteligencia". Atendió pacientes de lepra y muchos heridos de la guerra de Corea en 1953.
"Entre tantos heridos, había uno del 187 Regimiento de Infantería que tenía serias heridas en ambos ojos. Se procuraba salvar, al menos, parte de su visión antes de regresarlo al hogar. Después de examinar la ficha del paciente, el doctor Benjamín Boyd pidió al coronel Shreck que lo encargara de su curación. El coronel le dio luz verde".
Bajo la supervisión del Dr. Shreck, lo operó dos veces. Doce días de intervalo entre una y otra intervención quirúrgica. "Benji habló con el risueño sargento y le explicó cuál era su condición. Al día siguiente de la segunda operación le quitaron la venda del ojo derecho y observó que se veía bastante tranquilo". Dos días más tarde "con la mano cerrada frente al ojo operado del sargento, Benji abrió dos dedos y entonces le pidió al paciente que abriera los ojos y contara sus dedos: "Dos", contestó de inmediato. "Además", añadió el sargento, "con esos dos dedos me hace usted la señal de la victoria, una señal que puedo ver que se repite en su cara, doc. Casi puedo sentir que está usted tan feliz como yo, ¿no es cierto?" "Sí", contestó el doctor Boyd, realmente emocionado, "estoy sumamente feliz de haberte salvado, al menos la visión de un ojo, querido amigo Nat".
"Nathaniel Koesler miró fijamente al doctor Benjamín Boyd con su radiante ojo derecho y exclamó jubiloso: -Hey, I know you, kid..". El sargento Koesler sin duda conocía al joven doctor, que saldaba hoy su cuenta con él. Se conocieron en 1942, once años antes, cuando Koesler, el otrora Cabo peligrrojo, en un vagón de tren atestado de soldados camino a la guerra, defendió a "Benji" de un soldado que lo pateó y humilló cuando el joven panameño iba lleno de ilusiones a iniciar sus estudios de Medicina.
La obra repasa las facetas del Dr. Benjamín Franklin Boyd Díaz: el profesional admirado y distinguido en Panamá y el mundo, el esposo, el padre de familia, el abuelo, el bisabuelo, el creador y presidente de Highlights of Ophthalmology, el docente, el hijo, el amigo, el gran humanista.
"Por los caminos de la luz", habla de luces y de sombras en la vida del Dr. Boyd. De sus luchas y sufrimientos personales, de conquistas y pérdidas, de alegrías y dolores. También, de toda esa gente especial que marcó su vida personal y profesional.
Personas que de alguna forma influyeron en él o él en ellas.
O mutuamente, como sus mentores en todos los centros de estudio donde se fue formando: desde el tan amado Instituto Nacional "Nido de Aguilas" hasta el Hospital Gorgas y otros tantos donde le ha tocado dictar conferencias magistrales, compartir su saber, ser facilitador del intercambio de conocimientos e ideas entre ansiosos pupilos como lo fue él siempre (afanados en aprender lo más posible de quienes lideran la profesión con su experiencia y trayectoria) hasta connotados colegas suyos en todos los continentes; también, de su madre, Doña Silvia Díaz de Boyd, su primera esposa, Carmen Teresa Lewis de Boyd, "Canqui" (a quien una larga enfermedad le arrebató al igual que a un hijo de seis meses), sus cinco hijos, hermanos, hermanas, sus amigos, sus colaboradores y su actual esposa y compañera, Vylma García De Paredes de Boyd, que en buena hora comparte con él momentos muy especiales.
Perfil de un humanista
Hoy presentamos más pasajes de la interesante vida del Dr. Benjamín F. Boyd, de su biografía escrita por el connotado autor panameño Ernesto "Neco" Endara, publicada con el sello del Centenario de la República.