Procedo de una prole grande, numerosa, esparcida hoy día por todo el largo y ancho de este país.
Mi padre Gabriel Del Rosario Valdés, hoy difunto, fue junto a Elvira, Marcelino, Magdalena, Fulvia, Juvenal, Emiliano, Maritza, Félix y Temístocles, hijos de los hoy difuntos Emiliano Del Rosario Ponce y Carmen Valdés y Dominga Cortéz. Mi madre Margarita Jaén Montemayor, gracias a Dios aún con vida, es junto a José Melquiades Pinilla, hija de los hoy difuntos Francisco Montemayor Adames y Anges Santos Jaèn Pinilla.
La gran familia de mi difunto padre procede de la Provincia de Coclé, de los Distritos de Antón, Penonomé y del Corregimiento de Río Grande. La descendencia de mi madre Margarita, es de Cañazas, de la Provincia de Veraguas y del Corregimiento de Pajonal, en el Distrito de Penonomé.
Es muy poco lo que puedo señalar de los hermanos, parientes y familiares cercanos de mi abuelo paterno Emiliano Del Rosario Ponce, ya que él murió el 22 de agosto de 1955 cuando apenas yo era un infante.
Pero aún así, puedo mencionar a sus padres León Del Rosario y Eulogia Ponce; a sus hermanos Alfredo Del Rosario y Eustorgio Aguilera Ponce; a sus primos José Del Rosario, Carmen, Pastora, Luisa y Manuelita Lombardo y a una veintena más, cuyos nombres no recuerdo.
Para mediados de 1950 la descendencia de los Del Rosario, que son muchos, se desplazaban para vivir en diversas provincias del país.
Tengo entendido que así como mi abuelo Emiliano trajo al mundo una buena, considerada y respetada cantidad de hijos, de igual manera los descendientes de ésta y otras parentelas Del Rosario son numerosas y hoy día, unos viven fuera de nuestras fronteras patrias y otros en esta ciudad capital, otros en Chepo, en la Provincia de Colón, Chiriquí, en el Distrito de San Miguelito y en parajes lejanos y solitarios de su área materna como lo es la provincia de Coclé.
Del matrimonio de Gabriel con Margarita vinimos al mundo Edgardo (ya difunto), Edna, Eliecer, Erasmo y yo, Eric. Del hogar formado por mi tío José Melquiades, hermano de mi madre Margarita, con María Guzmán están Rodrigo, Idalides, Samuel, José Melquiades y Margarita.
De los hermanos de mi padre Gabriel, y cristianamente desposados están; Elvira, con José Regino Arosemena, y sus hijos Gabriel, Gilda, Griselda, Carmen, Nelva y Mariyenia; Marcelino, con Tilsia Quirós y sus hijos Jaime, Tilcia Omaira, Carmen, Emiliano y Rolando; Madgalena, con Juan O. Ramos, ellos trajeron al mundo a Juan, Olinda, José y Javier; Fulvia, ya difunta, junto a su primer esposo Julio Altamiranda, tuvieron como hijos a Fulvia, Aníbal, Ramón y Julio; mi tío Juvenal, cn Genoveva Aguilar tiene como hijos a Juvenal, Silka, Nuris e Itzel; Emiliano y Leida Jaén con sus hijos Emiliano, Alcides y Emileidi; Félix y Simona Ramos tienen como descendientes a Félix, Alex y a Dixiela; Maritza, con Jorge Adolfo Mejía trajeron al mundo a Gaspar, Alberto y Adolfo; y por último, mi tío Temístocles y Beatríz Montoya, quienes están felizmente unidos.
Como podemos ver, solamente esta parte de la descendencia que trajo al mundo a Emiliano del Rosario P. es numerosa, fuera de los hijos, de sus hijos, de los hijos; en otras palabras, fuera de sus hijos, sus nietos, bisnietos, tataranietos y otras descendencias más.
Es una Gran Familia, que no por ser numerosa se queda con ese calificativo. También tienen sus méritos y sus virtudes, ya que nos unen lazos de amor, de triunfo, de abnegación, de voluntad, de fe. Somos una raza, dentro de la especie del homo sapiens, con deseos de generar una disciplina por hacer grande a este país; somos una familia seria, honesta, luchadora, trabajadora que se esfuerza por dar lo mejor de lo mejor, conformada por sólidos valores éticos, morales y cristianos.
Es así como encontramos en los Del Rosario; médicos, abogados, secretarias, ingenieros, docentes, educadores a nivel primario, secundario y universitario, tecnólogos médicos, arquitectos, marinos, trabajadores manuales, negociantes, mercadotecnistas, mecánicos, torneros, especialistas en las artes marciales, policías, detectives, militares, operadores de turismo, publicistas, escritores, relacionistas públicos, radiólogos médicos, conductores de autobuses y equipo pesado, herreros, carpinteros, plomeros, presbíteros, albañiles, banqueros, odontólogos, empresarios, contables, buhoneros y hasta políticos a tiempo completo...pero no conozco a ninguno de mi descendencia que sea ladrón, asesino, vicioso, ni mucho menos que esté en el camino del mal vivir, gracias a Dios.
Dios ha sido benévolo con todos nosotros y nos congrega en una comunidad llamada Panamá, donde vivimos con nuestras familias. Muchos no nos conocemos, pero sí sabemos de nuestras existencias, y sabemos que los Del Rosario somos una y única familia en este país.
Tengo conocimiento que hace más de cinco años llegaron a Panamá unas personas de apellido Del Rosario procedentes de la República del Perú; desconozco de ese linaje pero me gustaría saber sobre su genealogía.
Se comenta desde nuestros orígenes que este apellido Del Rosario procede de una región de la Madre Patria España, de cuyo lugar no recuerdo con exactitud.
En fin, sería prudente y sano para esta Gran Familia frecuentarse, visitarse, conocerse, contactarse, llamarse y celebrar, con quienes no nos conocemos una gran velada para atesorar sabios recuerdos de quienes nos trajeron al mundo.
Es conveniente pues, que no nos olvidemos, sobre todo, los que ya nos conocemos, los que somos hermanos, primos hermanos, sobrinos, tíos, cuñados; los del primer, segundo, tercer y hasta cuarto y quinto grado de consanguinidad, velar por los más necesitados y perpetuar esa afinidad en estos años de lucha y formación.
No quisiera finalizar este artículo sin hacer la salvedad de que aún quedan algunos descendientes de nuestros primeros antepasados, parientes, grupos de familia, miembros que siguen en la línea genealógica dentro de la prole de nuestros abuelos y abuelas y de mi propio padre, que no los he mencionado y que fueron producto del concubinato pero que también son mis hermanos, hermanas, tíos, tías, primos, primas, sobrinos, sobrinas y que no por eso dejan de ser parte de la Gran Familia Del Rosario. A ellos, a todos ellos, a esa prole, a esos parientes, mi respeto, mi admiración y un abrazo eterno e inmortal por lo sabios y prudentes que han sido; a ellos, por su nobleza, mi eterno amor de familia.