El pedido de la mano de la novia a sus padres es una de las tradiciones que más ha variado a través de la historia, para adaptarse a los cambios que la sociedad experimenta día a día.
A la promesa de contraer matrimonio se le llamaba en la antigüedad "desposar" o "esposar", y se celebraba en una ceremonia en la que el novio entregaba a la novia un anillo como señal del compromiso, frente a testigos.
Hoy día esta ceremonia ha dejado de ser un evento obligatorio para convertirse en una reunión social en la que las dos familias comienzan a planificar el enlace. Sin embargo, todavía quedan familias muy tradicionalistas que acostumbran que el novio en compañía de su padre pida la mano de la novia al padre de ella.
Según la tradición, la ceremonia de petición de mano debe realizarse en la casa de la novia; en nuestros tiempos puede ser en algún lugar neutral, como un restaurante o la casa de algún otro familiar.
Tradición: se celebra con una cena formal, con la asistencia de los novios y los padres y hermanos de ambos. Ahora asisten todos los parientes y amigos en general.
La tradición: el novio o su padre deben pedir la mano de la novia al padre de ella, y luego el novio anuncia el compromiso formalmente a los demás presentes.
Antiguamente, después de pedir la mano de la novia, el novio le entregaba el anillo de compromiso, y ella le entregaba otro regalo (generalmente un reloj). Esto ha cambiado, ya que la mayoría de las personas entrega el anillo de compromiso antes.
Aprobada la charla, deben adjuntar su certificado de bautismo, confirmación, primera comunión y el acta de matrimonio civil.
Si no tiene alguno de los documentos religiosos, entonces deberá hablarlo con el sacerdote en la charla pre-matrimonial.
Por otro lado, la iglesia evangélica exige como primer requisito, además del acta de matrimonio civil, profesar la fe cristiana.
Como pasos secundarios, asistir a una charla pre-matrimonial, en la que expondrá sus motivos para casarse y el pastor u otro ministro designado le orientará sobre este mandato bíblico. Luego, es cuestión de separar la fecha y llegar a la ceremonia para dar el "sí" y firmar las actas.